Monthly Archive for Septiembre, 2008

Celos infantiles

Los celos son un estado afectivo caracterizado por el miedo a perder o ver reducido el cariño y la atención de nuestros seres queridos. Suelen ir acompañados de envidia y resentimiento hacia el rival. El niño o la niña celosa están percibiendo la realidad de forma distorsionada, suelen tener una baja autoestima y un alto nivel de ansiedad. Les vendrán bien un padre y una madre tranquilos y que le muestren afecto y amor incondicional.

Pueden experimentar rechazo hacia el herman@, prim@, o amig@ e incluso llegar a agredirle, por lo que más tarde se sentirá culpable. Esto no significa que no le quiera.

La forma de manifestar los celos dependerá de la edad de cada uno y de su propia personalidad, pueden mostrarse más rebeldes, hacerse pis en la cama, volver a coger el chupete, exigir que sea mamá quien los lleve al colegio, coger rabietas, tener problemas con la comida o con el sueño, pelear continuamente con el hermano, no permitirle coger sus juguetes… La buena noticia es que esta rivalidad normalmente, irá desapareciendo a medida que crecen y dando paso a amistad y compañerismo.

El nacimiento de un nuevo hermano es un momento propicio a la aparición de celos pero debemos tener cuidado también cuando adjudicamos papeles distintos a los niños y niñas según sus edades  o sexo. Si un hermano destaca en algo y otro no, no comentarlo delante de él, valorar a cada uno en lo que mejor sabe hacer pero sin hacer comparaciones. Que cada un@ se sienta valorado y especial.

Elogiar sus actos de generosidad, evitar comparaciones, hacer que cada hij@ tenga su papel, su sitio. Promover la seguridad personal y la autoestima. Debemos dejar que solventen ellos mismos sus pequeñas discusiones diarias. Siempre que no pasen límites peligrosos, les enseñará a defender sus criterios y expresar sus opiniones. Además evitaremos que lo utilicen como forma de llamar nuestra atención.

Si la situación se nos escapa de las manos o empieza a afectar su evolución en la escuela será conveniente pedir ayuda a un profesional de la psicología.

Cómo hacer frente a la ansiedad

La ansiedad es uno de los problemas que padecen más personas en nuestra sociedad. Un trastorno de ansiedad es un estado de confusión mental y un bajo nivel de control comportamental, la persona sufre una serie de síntomas físicos a partir de una interpretación desajustada de la realidad. Hay una pérdida de control de las emociones, los pensamientos y las conductas. Una persona que sufre ansiedad interpreta el mundo que la rodea  mal y de forma negativa, distorsionada.

Esta “distorsión cognitiva” es el principal síntoma, por ello el tratamiento pasa por una fase de análisis de los pensamientos e interpretaciones del paciente y seguidamente una “reconstrucción”.

Por ejemplo un paciente que tiene que enfrentarse a una entrevista de trabajo comenzará desde el día anterior (o incluso antes) a repetirse ideas desajustadas distorsiones cognitivas del tipo “seguro que no les gusto” “habrá otro con más experiencia que yo” “me pondré muy nervioso y ni siquiera podré hablar” y sentirá un gran número de síntomas y signos que irán en aumento a medida que se acerca el momento real de la entrevista; palpitaciones, sudoración, náuseas o diarrea, sensación de sofoco o agobio, respiración entrecortada, sensación de ahogo, parestesias, dolor de cabeza, nudo en la garganta étc, étc, étc…

Para empezar a trabajar habrá que ir desmontando y razonando las ideas irracionales “tengo las mismas posibilidades de gustarles que otra persona” “no sé que experiencia tendrán otros, pero tampoco es lo único que importa” “estar nervioso puede significar interés en el puesto”. Esto lleva algunas sesiones de trabajo interiorizarlo, además se trabaja también con relajación y visualizaciones positivas.

El tratamiento farmacológico puede ser un comienzo para ayudar a controlar los síntomas, pero no será efectivo si no se complementa con un tratamiento psicológico llevado a cabo por buenos profesionales.

Algunas pautas para manejar la ansiedad

-    Acéptela cuando aparezca.
-    Escúchela buscando dentro de usted. No la juzgue. Obsérvela, siéntala pero sigua sintiendo todo lo demás.
-    Actúe cuando tenga ansiedad como si no la tuviera. No huya de la situación para que el miedo no le gane la batalla.
-    No le permita que no le deje continuar con su vida, con lo que estaba haciendo.
-    REPITA: aceptarla, escucharla y actuar como si no la tuviera.
-    Espere siempre lo mejor: lo que teme raramente ocurre.
-    Imagínese aprendiendo a manejarla mejor.

El termómetro de la desigualdad

Muchas veces me he preguntado, e imagino que no soy la única, porqué somos tan distintos hombres y mujeres.

De pequeña solía creer que era solamente porque “los niños tienen pene y las niñas vagina”. Cuando fui llegando a la adolescencia y entendiendo que era eso de las hormonas creí haber encontrado la solución definitiva. Ya estaba resuelto todo era culpa de los estrógenos y la testosterona. Pero claro “no era tan fácil”.

Lo más divertido fue descubrir que no siempre eran ellos a los que percibía como diferentes, muchas mujeres también me resultaban muy lejanas y distintas e incluso a veces había aspectos en los que amigos hombres y yo coincidíamos. Esto me asustó un poco al principio y más tarde me hizo pensar “a lo mejor somos distintas unas personas de otras por infinidad de motivos no sólo por nuestro sexo biológico”.

Ya en mi época de estudiante de psicología surgieron de nuevo muchas dudas. ¿Justifican esas diferencias hormonales tantas diferencias en las expectativas, en el trato en las oportunidades…? Creo que cuanto más estudiaba e iba comprendiendo la diferencias cerebrales en el desarrollo fetal, menos importancia le dada. Fue una especie de proceso inverso. Poco a poco fui entendiendo que quizá lo equivocado era la pregunta. No sé trata de cuáles son las diferencias sino de qué importancia tienen realmente para la sociedad en la que vivimos.

Hay un pequeño juego o dinámica de grupo como lo llamamos que resulta muy ilustrativo de lo que quiero expresar:

Sólo se necesita para llevarlo a cabo un grupo, grande o pequeño de personas. Da igual que sea un grupo mixto, sólo mujeres o sólo hombres. Hay que escribir en una pizarra, un papelógrafo o incluso un cuaderno que nos iremos pasando, dos columnas. Una tendrá como título MUJER y otra HOMBRE. Se trata de que las personas participantes, libremente, por asociación libre, vayan añadiendo palabras que atribuyen o que creen que van mejor en cada columna.

Normalmente a la palabra Mujer le atribuimos palabras como dulce, sensible, menstruación, madre, ternura, cuidadora, entrega, belleza, hogar, tranquila, paciente, sumisa, juventud, rosa…

La lista titulada Hombre suele estar formada por estas palabras: fuerte, competencia, valiente, dominante, independiente, aventurero, afeitarse, inteligente, conquista, objetivos, logro, madurez…

Yo misma he podido realizar el experimento varias veces, cualquiera de ustedes puede aprovechar cualquier reunión, curso o taller para replicarlo. Yo lo llamo el termómetro de la desigualdad (y no es una diferencia genética lo que mide).

Quizá la pregunta más inteligente sería “¿son estas diferencias algo marcado genéticamente o es fruto de un aprendizaje cultural disgregador que ha transmitido distintos papeles o roles a hombre y mujeres?”

Dejo también a cada uno sacar sus propias conclusiones y pensar en las consecuencias.

¿Por qué no vienen con libro de instrucciones?

¿Quién no se ha preguntado alguna vez porque nuestros hijos e hijas no vendrán con un manual de instrucciones cuando nacen? ¿Qué hicimos mal para que resulte tan difícil entenderse con los adolescentes? Tranquilos, no hay que hacer un master, sólo habrá que cambiar estrategias que ya no funcionan por otras más efectivas.

Es cierto que no existen recetas mágicas pero sí algunas cosas que no se deben olvidar.  Cuando aún son pequeños interiorizan lo que ven día a día en sus progenitores mucho más que lo que se les dice que hagan. Descubren el mundo a través sus padres.

Todos pasan una etapa en la que quieren ser de mayores cómo papá o como mamá. Eso es un filón que tenemos que ir explotando poco a poco, aprenderán nuestras buenas conductas pero quizá también las malas. Es más fácil que se lleven bien con los “vecinos impertinentes” si ven actitudes tolerantes en sus padres que si los ven continuamente discutiendo y peleando con ellos. Será como predicar en el desierto pedirles que no discutan con sus hermanos si nosotros estamos siempre discutiendo. Es inútil decirles que ordenen su habitación cuando el salón de  casa es un desastre. Somos el espejo en que se miran y leen nuestros estados de ánimo (a veces incluso antes que nosotros mismos).

Los niños y niñas necesitan saber qué se espera de ellos, cuáles de sus conductas o comportamientos recibirán nuestra aprobación y cuáles no, les ayudará saber de antemano cuáles recibirán un castigo con toda seguridad y cuáles recibirán nuestra aprobación (y esto no debería depender del estado de ánimo que tengamos ese día).

En Psicología 24 horas sabemos que tan perjudicial será una educación autoritaria como una totalmente permisiva, los niños y niñas necesitan normas, no demasiadas pero sí claras, que les ayuden a entender como deben comportarse. Por supuesto no debemos olvidar la coherencia, los volveremos locos si un día les permitimos armar jaleo en el salón de casa y otro lo prohibimos o los castigamos porque estamos cansados y necesitamos silencio. De la misma manera que no contribuye a la armonía familiar que mamá prohíba una cosa y papá lo permita cuando ella no está o que papá les castigase una semana sin televisión y al segundo día mamá les levante el castigo. Deben percibir el acuerdo en sus progenitores en lo que a su educación se refiere. Si hay discrepancias será mejor tratar el tema cuando ellos no estén presentes o no puedan oírnos.

Amar no es sinónimo de permisividad sino más bien de educación, de límites, de proyectos y metas, de marcar objetivos. Somos los que debemos darles a conocer este mundo y como vivir en él, por lo tanto tenemos que enseñarles que todo no puede ser cuando uno quiere, que las cosas cuestan esfuerzo, que la frustración forma parte del día a día tanto como las satisfacciones. Si no aprenden esto se convertirán en adolescentes con una baja tolerancia a la frustración con los problemas emocionales y de conducta que eso conlleva.

A veces aparecen problemas que no podemos solucionar como padres, conductas que desequilibran la familia y hacen sufrir mucho a todos: celos entre hermanos, fracaso escolar, problemas de alimentación, ansiedad, enuresis, problemas para dormir, pesadillas y terrores nocturnos, hiperactividad, agresividad, conductas problemáticas, acoso escolar…entonces ha llegado el momento de pedir orientación a un profesional de la psicología. En Psicología 24 horas estamos a su disposición para orientarle, ayudarle y ofrecerle tratamiento psicológico, sin desplazamientos, sin largas listas de espera y con un coste menor al de  una consulta presencial.

Buscar asesoramiento cuando existen conflictos o nos encontramos ante una situación complicada puede ahorrar malos ratos a toda la familia.

Suerte o confianza en sí.

¿Qué es la suerte? ¿Es tan sólo una organización de sucesos afortunados o desafortunados? ¿O son los factores que no podemos controlar en nuestra vida porque dependen del azar o están totalmente fuera de nuestra alcance. Si relacionamos nuestra suerte con factores que no pueden controlarse por ser el resultado caprichoso de nuestros actos tendremos la percepción de no poder hacer nada para qué cambien las cosas. Cuando usamos la expresión “todo es cuestión de suerte” estamos aceptando que no podemos hacer nada, que no podemos intervenir.

Otra creencia popular dice todo lo que nos ocurra, tanto las cosas favorables como las desgracias son una cuestión de probabilidad. Es necesario aprender que si atribuimos siempre a la mala suerte los eventos desfavorables nos estamos transmitiendo el mensaje de que no podemos hacer nada, no depende de nosotros, es algo exterior y que no controlamos.

En psicología hablamos de lugares de control interno o externo (locus of control). Una persona con lugar de control interno sabe que lograr sus metas depende de sí misma, de sus esfuerzos, de su autoconfianza. Como consecuencia, si suspende un examen tenderá a reflexionar sobre cuánto tiempo dedicó a estudiar, cuántos libros consultó, cuántos ejercicios hizo y sobretodo pensará: qué  puedo hacer para aprobar el próximo.

Parece bastante positiva y útil su postura ¿verdad? Ahora imaginen esa persona que suspende el examen y le cuenta a todo el mundo la mala suerte que tiene, los profesores tan duros, lo difícil que es la asignatura…¿A qué puede agarrase esta persona para aprobar el próximo examen? Si todas las causas las percibe como externas y fuera de su alcance es muy posible que vuelva a suspender o que si aprueba lo atribuya a que cambió su suerte.

Por supuesto que siempre hay eventos que no podemos controlar directamente (por ejemplo que haya más o menos desempleados en nuestro país) circunstancias que no está en nuestra mano resolver y desastres naturales ante los que podemos hacer bien poco. Pero hay que aprender cuales dependen de nuestras actitudes, de nuestras acciones, nuestra perseverancia, para sentir que tener poder sobre lo que ocurre en nuestro día a día

Así pues dejemos la suerte y la probabilidad en sus parcelas correspondientes, en los juegos de azar o los concursos de televisión y pensemos en nosotr@s mism@s como actores con poder de cambio. Coja las riendas de su vida y si siente en algún momento que necesita ayuda, orientación o consejo psicológico no dude en contactar con Psicología 24h en el 807-505-766.

Conociendo las emociones

La ansiedad

Es esa emoción que siente una persona cuando está agobiada, piensa que va a pasar algo malo sin tener motivos para creerlo, cuando vive las situaciones como una amenaza, cuando no cree en su capacidad para hacer algo, cuando tiene dudas sobre el futuro, es una emoción que se produce en situaciones de incertidumbre, cuando no sabemos qué va a pasar.

Esta emoción cumple una función adaptativa, nos prepara física y mentalmente para afrontar cualquier situación, nos hace estar alerta y conscientes.

¿Qué situación o  en qué momento ha sentido ansiedad últimamente?
¿Qué es lo que le preocupa más de su proyecto de vida personal o profesional?
¿Se siente agobiado ante distintas situaciones de su vida?

Tristeza

Pena, soledad, pesimismo. Es una emoción que se asocia a la pérdida, al fracaso a la separación física o psicológica. Es la que sentimos cuando nos abandonan, cuando pensamos en lo que pudo haber sido y no fue. Es el echar de menos, añorar, sentir nostalgia de alguien, es la emoción de la imposibilidad, de lo que ya no tiene remedio.

Nos acelera un poco las pulsaciones del corazón, disminuye nuestra energía, tenemos tendencia a estar tumbados, reducción del entusiasmo y de las ganas de hacer cosas. La depresión sería el grado mayor de tristeza, que se mantiene durante un periodo de tiempo prolongado.

La tristeza nos motiva a una nueva reintegración personal, a adaptarnos a los cambios.

¿Qué cosas le hacen sentir triste?
¿Qué echa de menos de tiempos pasados?
¿Qué pérdidas importantes siente que ha vivido?
¿A quién echa de menos?

La felicidad

Es el estado de ánimo que presenta la persona para quien la vida es como ella desea. La sentimos cuando algo nos agrada. Nos da una sensación de seguridad, de gratificación, de bienestar, también puede expresar con diversión, alegría, euforia.

Miedo

Es la anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad, nos hace tender a la protección. Es la emoción que sentimos al confesar que hemos hecho alguna travesura y sabemos que vendrá un castigo, miedo al daño, miedo al fracaso al rechazo, al ridículo.

El miedo suele estar acompañado de fuertes latidos del corazón, encogimiento de estómago, dolor de cabeza, sensación de bloqueo, temblores, sudores, hormigueos y paralización.

El miedo esconde toda la sabiduría que nos hace falta para desarrollarnos como seres humanos. Esconde un mensaje, una información que necesitamos oír, que nos hará crecer.

¿Qué es lo que más le da miedo?
¿A qué situación cree que no podría enfrentarse?
¿Qué situación suele producirle desconfianza o desasosiego?

Ira o rabia

Es la emoción que sentimos cuando queremos que alguien se comporte de manera distinta a como es en realidad o cuando queremos que las cosas sean de otra manera y no podemos conseguirlo. Cuando algo no se corresponde con lo que esperábamos, cuando nos sentimos frustrados, cuando me desilusiono por lo que alguien hace o piensa, cuando dependemos de otra persona para sentirnos bien. En definitiva cuando la realidad no se ajusta a nuestros deseos y tenemos la creencia irracional de que las personas y las cosas han de ser como nosotr@s pretendemos o necesitamos que sean.

Mostrar nuestro enfado alguna vez, cuando hay una justificación ayuda a descargar tensiones, pero debemos desarrollar el autocontrol suficiente para que la situación no se nos vaya de las manos ni hagamos pagar nuestra rabia a una persona equivocada. La rabia puede llevarnos  al deseo de destrucción

¿Qué cosas o situaciones le irritan o “le sacan de sus casillas”?
¿Cree que muchos de sus enfados a salidas de tono podrían haberse evitado?

Aburrimiento o apatía

Es la emoción de la rutina, de la falta de ilusión, de no ver sentido a nada, de no tener objetivos, de no sentirnos motivados con lo que hacemos, falta de deseos. Nos suele sobrevenir cuando tenemos que estudiar algo que no nos gusta, que no hemos elegido o en situaciones en las que no tenemos posibilidad de desarrollar nuestra creatividad. Esconde cierta pereza y comodidad, preferir que las cosas sigan como hasta ahora.

Es la emoción que se opone a la euforia. Normalmente se manifiesta con falta de actividad, bostezos, sueño permanente, ensoñaciones, falta de concentración, necesidad de levantarse continuamente. El aburrimiento nos pide un cambio de actitud mental

¿En qué situaciones se suele aburrir?
¿Se siente sin ganas de hacer nada sin motivación para nada?
¿Qué actividades le resultan especialmente tediosas de realizar?

Culpa

Es la madre de todas las emociones, la tortura del arrepentimiento. Es un sentimiento de contradicción entre lo que ocurrió y lo que tendría que haber pasado, entre lo que hicimos y lo que creemos que tendríamos que haber hecho, hacemos un juicio que no se corresponde con la imagen que tenemos de nosotr@s mism@s. La culpa busca el castigo. Es la emoción de los que buscan desesperadamente que los quieran.

Los síntomas varían según las personas pero pueden aparecer conductas como estrujarse las manos, rascarse, bajar la cabeza, evitar el contacto visual, náuseas, dolor de estómago, ansiedad, angustia…También pueden aparecer pesadillas.

¿A quién cree que no acaba de complacer por mucho que lo intente?
¿Qué siente que no ha dicho y que era importante?
¿A quién no le perdona qué cosas?
¿A quién le ha dicho algo de lo que ahora se arrepiente?
¿Qué podría hacer en su vida que no está haciendo?

Envidia

Es la emoción, el malestar que experimentamos con el bien ajeno, ya sea económico, social o intelectual. Es el deseo de poseer algo que no tenemos, de parecernos a otras personas.

Es un sentimiento universal e inherente al ser humano. Puede producir hostilidad hacia l@s demás o hacia nosotr@s mism@s o una motivación extra para esforzarse y trabajar más duramente para conseguir lo que se desea.

Vergüenza o timidez

Es un sentimiento de inquietud y de pérdida de la autoestima, turbación del ánimo que ocurre cuando nos sentimos humillad@s, ofendid@s y tenemos miedo a hacer el ridículo.

Es útil si nos hace ser más prudentes o mantener una actitud discreta ante una situación nueva y desconocida, hace aumentar nuestro estado de alerta, y así podemos detectar más fácilmente las características de la situación y decidir la actitud apropiada. El problema es cuando el miedo y la inseguridad se hacen constantes y fuertes,  nos impiden relacionarnos o hacer ciertas cosas.

Desesperanza aprendida

A petición de algunas personas asiduas a nuestra página de Psicología 24h voy  a dedicar un ratito para contarles lo que leí sobre desesperanza aprendida.
Es un fragmento del libro de Luis Rojas Marcos “La fuerza del optimismo”.

Habla de la relación entre el sentido de controlar la suerte en circunstancias y la esperanza. Los experimentos son de Richard Morris, profesor de Neurociencia de la universidad de Edimburgo. Este hombre se dedicó a hacer experimentos con conejillos de Indias, estudiando su memoria. Introdujo a la mitad en un estanque de agua enturbiada con un poco de leche, para que no vieran unos cuantos motículos que había colocado en el fondo. Estos eran los cobayas “con suerte”, porque mientras braceaban para flotar se podían apoyar y descansar temporalmente en los promontorios ocultos antes de proseguir su marcha en busca de una salida. A la otra docena de cobayas las metió en un estanque de aspecto similar pero sin promontorios. Estos conejillos “desafortunados” no tenían más remedio que nadar sin descanso para no ahogarse. Después de un buen rato los sacó a todos del agua para que se recuperaran.

A continuación tuvo lugar la prueba definitiva: el investigador echó a los veinticuatro cobayas a un estanque de agua, también enturbiada con leche, sin isletas donde descansar. Mientras los cobayas “con suerte” los que habían tenido montículos para apoyarse, nadaban a un ritmo tranquilo, el grupo de cobayas “desafortunados” chapoteaba desesperadamente sin rumbo. Justo en el momento en que las puntiagudas narices de los agotados conejillos de Indias desaparecían bajo el agua, Morris los rescató de uno en uno y , después de apuntar el tiempo que habían nadado, los devolvió  a sus jaulas extenuados y probablemente sorprendidos de estar vivos.

Cuando Morris calculó los minutos que los cobayas se habían mantenido a flote, descubrió que los del grupo “con suerte” habían nadado más del doble de tiempo que los desafortunados. Su conclusión fue que los del grupo con suerte habían nadado más tranquilos y durante más tiempo porque recordaban las invisibles isletas salvadoras de la primera prueba, lo que los motivaba a buscarlas con la esperanza de encontrarlas. Por el contrario, los cobayas que durante la primera prueba no habían encontrado apoyo alguno, tenía menos motivación para nadar y hasta para sobrevivir.

Luego habla también del experimento de Martin Seligman, el de “la auténtica felicidad”, es el de los perritos en las cajas electrificadas, pero ese lo cuento otro día.

Al margen de lo crueles que puden llegar a ser los investigadores, (que habría que pedir opinión a los pobres cobayas) a mí la historia me ha llegado mucho. Como si fuese un cuentecillo de autoayuda en vez de un experimento.

¿No se han sentido muchas veces como los cobayas “desafortunados”? Yo estoy pensando a ver donde está en mi vida el “Señor experimentador Morris” para tener con él unas palabritas.

Psicoterapia racional-emotiva

Una psicoterapia es una relación entre dos personas que utiliza procedimientos psicológicos. Consta de dos personas; una, profesional de la psicología y otra que quiere modificar o eliminar sus síntomas, sufrimientos, trastornos diversos de la salud mental o física para modificar aspectos de su conducta o promover un mejor conocimiento de su personalidad.

La psicoterapia racional-emotiva considera que los seres humanos se comportan en tres planos:
-    Cognitivo; que es un plano lógico y reflexivo.
-    Sentimientos; emociones e inconsciente.
-    Conducta; que es plano observable.

Todo lo que la persona hace está determinado por lo que observa del exterior  y la interpretación que haga de ello. El trastorno está ligado al mundo personal de creencias, filtro interpretativo de cuanto sucede, convirtiéndose en algo irracional y distorsionado.

La parte emocional del individuo está fundamentalmente implicada en los procesos erróneos, por lo que conviene intervenir terapéuticamente desde el sentimiento como base de la actuación.

Hay que aclarar o recordar que la psicoterapia no está reservada al tratamiento de las enfermedades mentales, sino que también puede aplicarse a ciertos trastornos corporales o afecciones psicosomáticas y a dificultades de adaptación, familiar, escolar y conyugal.

La ventaja de Psicología 24h es que permite tener sesiones telefónicas en el momento que el paciente lo necesite sin desplazarse al gabinete y sin listas de espera.

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

Me he preguntado siempre porque en los colegios no se enseña a nuestros niños y niñas Inteligencia Emocional, sería algo muy saludable y les daría herramientas y habilidades para enfrentarse a sus conflictos afectivos.

Nuestro sistema de enseñanza ha dado mucha importancia a los resultados, los logros a ser el mejor. De hecho todos hemos oído hablar alguna vez del CI o Cociente Intelectual y algunos incluso habremos pasado la experiencia de ser medidos en el colegio con algún test de inteligencia. Pero ¿alguien recuerda que le hablasen de la Inteligencia Emocional?

Es una pena porque no sólo necesitamos nuestra inteligencia para operaciones matemáticas o hablar en otros idiomas, es igualmente importante conectar con las emociones de uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme a mí y ver a los demás de forma positiva y objetiva.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada. Una persona emocionalmente inteligente posee la autoestima suficiente para confiar en sí misma, es positiva y sabe dar y recibir. Además es capaz de sentir empatía (entender los sentimientos de otras personas) cualidad que resulta especialmente valorada en las relaciones personales y afectivas.
Para los que ya no tenemos edad de ir a la escuelar sería bueno reflexionar si queremos seguir midiendo y  valorando sólo los logros académicos; respirando competitividad en nuestros trabajos o sería más interesante considerarnos personas completas incluyendo nuestra dimensión afectiva y emocional.

Reconocer los propios sentimientos es una habilidad que a veces damos por sentada, pero no es extraño que una persona no sepa si lo que siente es tristeza, ira, cansancio… Incluso podemos ver a muchos adolescentes que expresan enfado confundiéndolo con sentimientos de tristeza.

Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social. En manos de un buen profesional de la psicología podremos mejorar nuestra Inteligencia Emocional, con lo que seremos capaces de expresar tanto sentimientos positivos como negativos, así como de superar las dificultades y las frustraciones y encontrar equilibrio entre las exigencias y la tolerancia.

Cuándo buscar ayuda de un profesional de la psicología

Aquí encontrará algunas señales o síntomas que pueden avisarle de que sería beneficioso recibir terapia u orientación psicológica. Puede que se sienta identificado con alguno y otros no tendrán nada que ver con usted,  depende de cada persona, de su percepción de malestar.

-    Si lleva al menos dos semanas o más sin poderse deshacer del sentimiento de tristeza.
-    Si ve que no puede controlar sus episodios de llanto.
-    Si no es capaz de llevar a cabo ninguna actividad, siente que nada le motiva ni le apetece.
-    Si se ve desorientad@ y no sabe como superar algún acontecimiento  de su vida. Le abruman los problemas y no sabe por donde empezar a resolverlos.
-    Si nota que el miedo le ha ido ganando terreno y sufres una o varias fobias que le incomodan o incapacitan.
-    Si se siente culpable y ese sentimiento le abruma y le hace sentir mal.
-    Si siente vergüenza de sí mism@.
-    Si siente mucha ira o cólera contenida dentro de usted.
-    Si se encuentra en un estado de ansiedad generalizado y persistente que no le deja vivir con tranquilidad.
-    Si no es capaz de tomar decisiones, ni siquiera las de poca importancia.
-    Si se critica continuamente.
-    Si lo analiza todo en términos de todo o nada sin ser capaz de ver espacios intermedios.
-    Si tiene problemas de memoria y concentración.
-    Si su problema ha llegado a afectar a su ritmo de sueño, su apetito y/o su deseo sexual.

Sobre todo y lo más importante es que sepa que necesitar, en un determinado momento de la vida, a un profesional que le asesore, le guíe, le apoye, le haga de mediador, le enseñe a resolver sus problemas y le haga cambiar su forma de percibir el mundo, no es algo de lo que tenga que avergonzarse. Todo lo contrario, es una forma inteligente de ayudarse a sí mism@ a retomar las riendas de la vida. Es darse la oportunidad de conseguir equilibrio, de conocerse mejor y de adquirir recursos para continuar el camino.