Muchas veces me he preguntado, e imagino que no soy la única, porqué somos tan distintos hombres y mujeres.
De pequeña solía creer que era solamente porque “los niños tienen pene y las niñas vagina”. Cuando fui llegando a la adolescencia y entendiendo que era eso de las hormonas creí haber encontrado la solución definitiva. Ya estaba resuelto todo era culpa de los estrógenos y la testosterona. Pero claro “no era tan fácil”.
Lo más divertido fue descubrir que no siempre eran ellos a los que percibía como diferentes, muchas mujeres también me resultaban muy lejanas y distintas e incluso a veces había aspectos en los que amigos hombres y yo coincidíamos. Esto me asustó un poco al principio y más tarde me hizo pensar “a lo mejor somos distintas unas personas de otras por infinidad de motivos no sólo por nuestro sexo biológico”.
Ya en mi época de estudiante de psicología surgieron de nuevo muchas dudas. ¿Justifican esas diferencias hormonales tantas diferencias en las expectativas, en el trato en las oportunidades…? Creo que cuanto más estudiaba e iba comprendiendo la diferencias cerebrales en el desarrollo fetal, menos importancia le dada. Fue una especie de proceso inverso. Poco a poco fui entendiendo que quizá lo equivocado era la pregunta. No sé trata de cuáles son las diferencias sino de qué importancia tienen realmente para la sociedad en la que vivimos.
Hay un pequeño juego o dinámica de grupo como lo llamamos que resulta muy ilustrativo de lo que quiero expresar:
Sólo se necesita para llevarlo a cabo un grupo, grande o pequeño de personas. Da igual que sea un grupo mixto, sólo mujeres o sólo hombres. Hay que escribir en una pizarra, un papelógrafo o incluso un cuaderno que nos iremos pasando, dos columnas. Una tendrá como título MUJER y otra HOMBRE. Se trata de que las personas participantes, libremente, por asociación libre, vayan añadiendo palabras que atribuyen o que creen que van mejor en cada columna.
Normalmente a la palabra Mujer le atribuimos palabras como dulce, sensible, menstruación, madre, ternura, cuidadora, entrega, belleza, hogar, tranquila, paciente, sumisa, juventud, rosa…
La lista titulada Hombre suele estar formada por estas palabras: fuerte, competencia, valiente, dominante, independiente, aventurero, afeitarse, inteligente, conquista, objetivos, logro, madurez…
Yo misma he podido realizar el experimento varias veces, cualquiera de ustedes puede aprovechar cualquier reunión, curso o taller para replicarlo. Yo lo llamo el termómetro de la desigualdad (y no es una diferencia genética lo que mide).
Quizá la pregunta más inteligente sería “¿son estas diferencias algo marcado genéticamente o es fruto de un aprendizaje cultural disgregador que ha transmitido distintos papeles o roles a hombre y mujeres?”
Dejo también a cada uno sacar sus propias conclusiones y pensar en las consecuencias.
Gemma Garallo Carrera se licenció en Psicología en 1998.
Ha trabajado desde entonces en orientación familiar y psicología clínica.
La idea de Psicología 24 horas surge para que desde cualquier rincón de España se pueda acceder de manera cómoda y fácil a un apoyo psicológico o a tratamiento psicoterapeutico.
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