Monthly Archive for octubre, 2008

La culpa

- Debería haberlo hecho y no lo hice.
- Debería haberlo hecho mejor.
- Pude haberlo evitado.
- No he sabido verlo antes.

Todos nos hemos repetido frases como estas en alguna ocasión, todas las personas han sentido la tortura del arrepentimiento, la culpa por algo que se hizo, que no se hizo y debería haberse hecho, o por algo que no salió bien. Es muy normal en situaciones en las que queremos agradar y gustar a los demás.

Mostrándonos como realmente somos nos sentimos diferentes al resto y eso a veces nos causa miedo, al rechazo a que el cariño que deseamos recibir se vea comprometido.

Acompañando a la acción (por ejemplo decirle a una amiga que no tenemos ganas de salir con ella ese día) se produce un juicio en la persona que no corresponde con la imagen de sí misma (no soy una buena amiga, no me merezco el cariño de mis amigos) y de ahí el sentimiento de culpa.

La culpa busca el castigo, es la emoción de los que buscan desesperadamente que les quieran.

Para manejarla hay que cambiar la acción que entra en conflicto con la percepción de uno mismo. Es necesario ampliar la imagen o código moral sobre el que actuamos. Para ello será preciso aceptar que como seres humanos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar, a opinar distinto de los demás. Los sentimientos cumplen la función de informarnos sobre lo que nos rodea, sobre como percibimos nuestro mundo, pero no podemos sobredimensionarlos ni dejar que nos controlen. Hay que saber escucharlos y saber qué nos piden.

Aburrimiento, apatía y tedio

El aburrimiento nos avisa de algo, es una señal de alarma, aunque a veces hay que trabajar un poco con nosotros mismos para averiguar qué es lo que nos pasa.

La sintomatología es una falta de entusiasmo y de alegría generalizados. Falta de actividad, la persona no siente ganas de hacer nada, hay una pasividad extrema. Falta de imaginación, bostezos, visión estrecha de uno mismo. Falta de deseo.

Esta apatía nos está pidiendo a gritos un cambio de actitud mental. Es posible que la persona no esté siendo lo suficientemente consciente de lo que ocurre en su vida, o que el orgullo no le deje disfrutar de nada. Es imprescindible para salir de ese tedio y volver a ilusionarse, tomar las riendas, porque el mensaje es que necesitamos metas, orientación hacia lo que queremos lograr, en definitiva ser más consciente de nuestro propio proceso personal.

La persona aburrida necesita trabajar la alegría, la euforia, los deseos. Sus mayores enemigos son la pereza y la comodidad.

Se puede empezar el trabajo personal algunas preguntas del tipo:
-    ¿Qué me está ocurriendo? ¿Por qué creo que me ocurre?
-    ¿Sé lo que quiero hacer con mi vida? ¿A dónde quiero encaminarla?
-    ¿Estoy dispuesto a luchar para saber qué es lo que quiero y llegar al fondo de mis necesidades?

Cómo siempre digo, si la persona no se siente capaz por sí sola de superar esa situación lo mejor es acudir a un profesional de la psicología, que le dará las pautas y le acompañará en su proceso personal.

Tristeza

La tristeza es la emoción de lo que fue y ya no es o de lo que es que ya no será. Surge cuando no aceptamos le realidad.

Puede tener distintos síntomas según la personalidad; acelera las pulsaciones del corazón, llanto, disminuye nuestra energía, tendencia a estar tumbados, reducción del entusiasmo y las ganas de hacer cosas. A veces pueden observarse en la persona triste síntomas pulmonares.

Es la emoción de los apegados, del no aceptar la nueva situación, es el “no puede soportarlo”.

A nivel mental produce apego, paralización, rencor. A nivel emocional, tristeza depresión, añoranza. A nivel físico, afecta al pulmón y al intestino grueso.

Pero seguro que más que por mis palabras, entienden ustedes lo que es la tristeza porque la han sentido en multitud de ocasiones.

Lo importante es qué podemos hacer para no dejar que la tristeza continuada nos arrastre hacia la depresión. Son aspectos a trabajar; la voluntad, aceptar los cambios. Intentar focalizar nuestra atención en otros temas, distraernos, pasear, concentrarnos en aspectos de nuestra vida que sí la llenan, buscar la compañía de las personas que nos quieren, seguir sembrando ilusiones…

Nada ni nadie es imprescindible en nuestra vida. Es la dependencia la que, en el fondo causa el malestar emocional.

Arrastrados por la corriente del río

La ansiedad es como las aguas de un río. Si hay poca y no hay mucha corriente, nos encontramos bien, nadando entre nuestras emociones. A medida que aumenta el caudal de agua (las preocupaciones) aumenta la corriente y sentimos que nos arrastra con ella. Entonces intentamos nadar hasta la orilla, a veces con éxito y conseguimos así superar un episodio de ansiedad por nosotros mismos. Otras veces la corriente, la fuerza que lleva el agua es tan fuerte que necesitamos que alguien desde fuera nos eche una cuerda y vaya tirando de nosotros con fuerza hasta la orilla.

La ansiedad es la emoción de la inseguridad. A nivel mental nos produce indecisión, inseguridad, duda. A nivel emocional sentimos agobio, angustia, preocupación excesiva. A nivel físico, qué es lo que más nos puede asustar, mareos, dificultad para respirar, aumento de las pulsaciones, sequedad en la boca, dolor de estómago, diarrea, agarrotamiento de los músculos, manos y pies fríos…

El trabajo de Psicología 24 horas es ayudarle para que no se deje arrastrar por la corriente del río. Le explicamos qué es la ansiedad y cómo funciona, le enseñamos relajación y visualizaciones positivas, para irle haciendo frente. Le ayudamos a recuperar poco a poco la autonomía emocional, a reconocer la inseguridad, la indecisión, la confusión para expresarlos y tomar medidas. Estableceremos juntos una jerarquía de metas y le enseñaremos los recursos para irlas logrando.

Nuestro propósito es que nuestros pacientes poco a poco recuperen su autonomía y aprendan a nadar solos para salir del río.

Amor, necesidad o deseo

Intentemos responder a estas preguntas ¿es necesario el amor de una pareja o es deseable? ¿Puede ser feliz alguien que ha decidido recorrer el camino sin un compañero o compañera? ¿Se puede ser feliz cuando no se tiene pareja?

Todos estaremos de acuerdo en que el amor es un sentimiento muy hermoso y que los bellos momentos compartidos con nuestras parejas serán de los mejores recuerdos de nuestra vida. Pero ¿qué pasa si no llega, si no lo encontramos? ¿Debe ser nuestra primera meta en la vida encontrarlo? ¿Dependemos del amor de una pareja para ser felices?

Sí , sí ya sé…la respuesta que todos está pensando, “depende de la persona, de sí lo necesita o no”  Ahí tenemos un dato importante: necesitamos respirar, comer, beber, dormir, sentirnos seguros, realizados… Hay otras cosas, otros alicientes de la vida que no los necesitamos para sobrevivir pero podemos desearlos.

El quid de la cuestión es que tener una pareja no es necesario para nuestra supervivencia, será uno de nuestros deseos, vividos con mayor o menor intensidad según la edad, las hormonas y las experiencias previas. Hay que conseguir que no sea la relación amorosa el único deseo que tenemos en nuestra vida, nuestra única meta. Tiene que ser un valor añadido, un “plus de felicidad”, pero no una condición “sine qua non”.

¿Qué le ofreceremos a nuestra pareja si la encontramos? Una vida a nuestro lado, y ¿qué será de nuestra vida si lo único que la ha llenado ha sido el deseo de encontrar pareja?

Es importante poder compartir, aficciones, enriquecernos con saberes del otro o la otra, aportarle vivencias, puntos de vista diferentes, ilusiones, proyectos en común…

Si el deseo de conseguir una pareja se convierte en una obsesión, en nuestro único motivo de felicidad, lo convertiremos en una exigencia, que nos hará daño. Será como llevar escrito en la frente “necesito urgentemente que seas mi pareja” y esto asusta a cualquiera. El amor no puede exigirse.

Seremos personas mucho más atractivas si nos mostramos serenas satisfechas con nuestra vida, con autoestima suficiente. Si estoy segura de ser una persona deseable seré deseada. Si transmito mi miedo inconsciente a no ser deseable, me será muy difícil. La solución es fácil. Amarse a un@ mism@ debe ser o primero, es lo que resulta más atractivo.

Quiero recordar aquí una frase de Jorge Bucay que me parece muy acertada.

“Es fabuloso encontrar el amor, pero cuando se le mendiga o se le exige, se aleja de nuestra órbita.”

¿Cómo afrontar la separación cuando hay niñ@s?

Normalmente ya han oído discusiones alguna vez, por lo que ocultar la situación no tiene sentido. Los niños y niñas son radares para captar el estado de ánimo del padre y la madre.
Es bueno hablar con ellos para tranquilizarles y llegado el momento si la pareja decide separarse hay que comunicárselo. Lo más importante es transmitir seguridad.
No es preciso entrar en detalles sobre las causas, las anécdotas pueden dañarles mucho.
Es suficiente con decirles que papá y mamá regañan a menudo, que eso les pone tristes y de mal humor, y que es mejor que se separen para que ambos estén más contentos.
Si hubiera una tercera persona por la que la pareja toma la decisión de separarse es mejor que l@s hij@s se enteren por su padre o por su madre y no que se enteren por los comentarios de otras personas.
El niño o la niña tienen que sentir que no son culpables de la separación, aunque les haya oído discutir alguna vez por su causa. Hay que decirles que hay muchas cosas en las que no están de acuerdo y que no tienen nada que ver con él o ella.
Asegurarle que juntos o separados le quieren igual y que siempre van a estar a su lado. Que el que se va de casa siente mucho no poder vivir con él o ella, pero que le podrá ver o hablar por teléfono cada vez que quiera. Que al principio todos estarán un poco apenados pero pasado un tiempo se sentirán mejor.
No decirles que nada va a cambiar para ell@s porque no es real, hay que darle ánimos para enfrentar la situación nueva.
Se les pueden poner de ejemplo otros niños  y niñas de su edad que han pasado por una situación parecida y que están contentos, suele ayudarles.
Es normal que al conocer la noticia lloren o se queden callad@s durante horas. Hay que pedirles que pregunten todo lo que quieran saber y contestar sin evasivas.
Pasados unos meses es probable que niños  y niñas esperen que sus padres vuelvan a estar juntos y esto puede durar hasta que alguno de los progenitores encuentre una nueva pareja.
La mayoría de niños y niñas terminan por aceptar la situación y el tiempo que tarden en hacerlo está muy en relación con la forma en que la viven sus progenitores.

Las ranitas en la nata

Hoy domingo tan sólo un pequeño cuento popular para reflexionar.

“Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.

Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en aquella masa espesa como arenas movedizas.

Al principio, las dos ranas patalearon en la nata intentando alcanzar el borde del recipiente. Pero era inútil. Sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. A medida que sus fuerzas se agotaban, sentían que era más difícil subir a la superficie y respirar. La desesperanza iba haciendo mella en las dos ranitas.

Una de ellas dijo en voz alta:

-    No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. No lo conseguiremos.
-    No te rindas, sólo nada despacito – le contestó la otra ranita.
-     Ya que voy a morir, no veo porqué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.

Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo:
- Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.

Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.

Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí pudo regresar a casa croando alegremente.”

Quizá a veces nos empeñamos en saltar del tazón de leche en vez de esperar que espese y se convierta en mantequilla.

Síndrome del desempleado

Me parece interesante dedicar hoy este espacio a escribir sobre una serie de síntomas y signos que en estos últimos tiempos  venimos observando los profesionales de la psicología. Lo llaman “síndrome del desempleado” aunque mi opinión como psicóloga es que no es algo nuevo, ya se podía ver hace 20 ó 30 años. Lo que ocurre es que últimamente ha aumentado mucho su incidencia. Algo tendrá que ver la percepción de crisis que cada vez sentimos más real. Personas que dejan de pagar sus hipotecas, bancos que quiebran o son comprados por otros, empresas que cierran, cifras de parados aumentando en nuestro país día a día. Se repiten las vivencias, pensamientos negativos, la autoestima baja de las miles de personas que se quedan sin empleo o que no pueden acceder a él después de terminar sus estudios.

Según los estudios disponibles el proceso tendría tres fases:

1ª- Fase de optimismo: la persona que termina sus estudios o finaliza una relación laboral lo toma como unas pequeñas vacaciones, un periodo en el que descansar un poco, reorganizarse, hacer tareas que llevan pendientes algún tiempo. De momento piensa que todo va bien y que sabe lo que hacer para encontrar una nueva colocación. Hasta aquí nada de síndrome, todo está bajo control.

2ª- Fase obsesiva: al transcurrir las primeras semanas o meses sin resultados, la persona se topa con la realidad, se da cuenta de que no es tan fácil como creía. Todo es muy lento e incluso puede que los puestos de trabajo que ofrecen sean de categoría muy inferior al que se venía desempeñando.

Es probable que  en esta etapa comience a tener síntomas de ansiedad, insomnio, depresión, hipertensión y dolencias psicosomáticas. El reconocimiento social empieza a tambalearse.

3ª- Fase de apatía o acomodamiento: al no encontrar trabajo la persona puede tirar la toalla, se siente incapaz de superar la sensación de fracaso. Puede que incluso abandone la búsqueda de empleo, lo cual no hará más que empeorar su malestar psicológico. Seguramente habrá entrado en un trastorno depresivo y le será de gran ayuda la psicología para salir de él.

No todas las personas se enfrentan al desempleo de la misma manera, depende de su fortaleza psicológica, su autoestima, aptitud, su red de contactos, recursos personales…

Hay muchos consejos y hábitos a seguir para conseguir salir de la situación, desde procurar la presencia de nuestro curriculum en los sites de búsqueda de empleo hasta la autocandidatura en las empresas que sean de nuestro interés. Eso es lo que nos ofrecen en los servicios de orientación para el empleo de los que disponen los ayuntamientos, pero ahí nadie sabe diagnosticar un síndrome del desempleado, nadie contempla como objetivo el bienestar psicológico de la persona que busca empleo. Psicología 24 horas se pone a su disposición para acompañarle y asesorarle durante su proceso para conseguir dos objetivos fundamentales, superar el malestar psicológico y mantener una actitud positiva y eficaz para encontrar empleo.

Es importante además cultivar la red de apoyos, familiares amigos y amigas que nos sirven de colchón y siempre podrán animarnos. Tener otras actividades a las que dedicarse, las tareas del hogar (siempre que sean compartidas con los demás miembros de la familia), ir al gimnasio clases, de baile, pintura, manualidades…cualquier actividad social que nos haga sentirnos personas útiles y activas.

El “síndrome del desempleado” es una nueva realidad de nuestra sociedad a la que hay que hacer frente con mucha paciencia, con optimismo, creatividad y si es necesario, porqué no, con ayuda de profesionales de la psicología.

¿Han leído el libro “Quien se ha llevado mi queso” de Spencer Johnson, M D?, es un cuento de autoayuda que puede hacernos “cambiar el chip”.