La culpa

- Debería haberlo hecho y no lo hice.
- Debería haberlo hecho mejor.
- Pude haberlo evitado.
- No he sabido verlo antes.

Todos nos hemos repetido frases como estas en alguna ocasión, todas las personas han sentido la tortura del arrepentimiento, la culpa por algo que se hizo, que no se hizo y debería haberse hecho, o por algo que no salió bien. Es muy normal en situaciones en las que queremos agradar y gustar a los demás.

Mostrándonos como realmente somos nos sentimos diferentes al resto y eso a veces nos causa miedo, al rechazo a que el cariño que deseamos recibir se vea comprometido.

Acompañando a la acción (por ejemplo decirle a una amiga que no tenemos ganas de salir con ella ese día) se produce un juicio en la persona que no corresponde con la imagen de sí misma (no soy una buena amiga, no me merezco el cariño de mis amigos) y de ahí el sentimiento de culpa.

La culpa busca el castigo, es la emoción de los que buscan desesperadamente que les quieran.

Para manejarla hay que cambiar la acción que entra en conflicto con la percepción de uno mismo. Es necesario ampliar la imagen o código moral sobre el que actuamos. Para ello será preciso aceptar que como seres humanos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar, a opinar distinto de los demás. Los sentimientos cumplen la función de informarnos sobre lo que nos rodea, sobre como percibimos nuestro mundo, pero no podemos sobredimensionarlos ni dejar que nos controlen. Hay que saber escucharlos y saber qué nos piden.

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