Monthly Archive for enero, 2009

Cómo nos castiga la culpa

En un archivo del 24 de Octubre ya hablamos sobre la culpa. A petición como siempre de nuestro usuarios ampliamos la información con este artículo.
La culpa es una emoción peligrosa si no se sabe manejar correctamente, puede conducirnos al bloqueo y al encierro en nosotros mismos. Puede llevarnos a un castigo continuo porque está conectada con nuestro instinto o pulsión de muerte.
Puede arrastrarnos a la pasividad, dejarnos indefensos y hacer que otras personas puedan manejarnos a su antojo. La culpa es la emoción de las personas que buscan que las quieran a pesar de todo, de las que tienen miedo a ser abandonadas
Es una emoción tan dañina que hace tambalearse nuestra autoestima, nuestro amor incondicional a nosotros mismos. Si nos falla la creencia en nuestra valía personal tampoco nos sentiremos dignos del amor de los demás. Finalmente nos olvidaremos de quienes queremos ser para convertirnos en quien los demás quieren que seamos. Más tarde llegan la agresividad y el autoreproche, porque esta manera de estar en el mundo tampoco nos satisface.
Hay señales que nos avisan de que la culpa está ahí:
Señales físicas (presión en el pecho, dolor de estómago, de cabeza, de espalda)
Señales emocionales (nerviosismo, desasosiego, agresividad, irascibilidad)
Señales mentales (pensamientos que se repiten y autorreproches)

Este sentimiento como todos, está afectado por nuestro entramado de pensamientos, por nuestra manera de interpretar los acontecimientos. Habría distintas maneras de reaccionar:
contra nosotros: nos sentimos culpables exclusivos de todo lo ocurrido.
contra los demás: culpabilizamos de todo, inclusive de nuestros males, a los demás, como forma de no ser responsables de lo sucedido.
Impunitivamente: pensamos que nadie tiene la culpa de nada, que son las circunstancias sin más. Esta forma de razonar puede tener de bueno el conseguir descargar el agobio y no hacer más penosa la situación, aunque se puede caer en la simplificación y la irresponsabilidad.
Es importante para nuestra salud la congruencia, que exista concordancia entre lo que pensamos y nuestras acciones. Con ello conseguiremos que no nos amenace la culpa. Esto no quiere decir que si pensamos que algo no lo hicimos bien no se pueda rectificar, sino que no hay que mortificarse constantemente por ello.
Una manera de sacar algo positivo de este sentimiento es reflexionar. Ser conscientes del conflicto y, a partir de ahí, pensar en soluciones y dar los pasos oportunos que restablezcan nuestro vivir coherente.

Son personas propensas a tener sentimiento de culpa las que tienen un pensamiento rígido, negativo y perfeccionista. Las personas que están pasando por circunstancias especiales, en las que hay que tener en cuenta nuestras necesidades del momento y las circunstancias especiales en las que no podemos tener todo el control.