Monthly Archive for enero, 2010

Somos lo que pensamos

Imaginemos un día cualquiera. Aún nos nos hemos levantado de la cama pero ya notamos cierta ansiedad y pocas ganas de salir de la cama y enfrentarnos a un nuevo día de trabajo.

¿Qué está pasando por nuestra cabeza en esos momentos? Pensamientos del tipo “otra vez me encontraré con un atasco horroroso”, “tardaré casi media hora en encontrar aparcamiento”, “el mal rollo de la empresa no tiene solución”, “otra reunión más para no solucionar nada”…¿qué hay de extraño en todo esto? Pues que ningún pensamiento es positivo, alentador, o esperanzador.

Con este tipo de ideas dando vueltas y repitiéndose cada día en nuestro cerebro no se puede ser optimista, confiado, no tenemos energía. Es como si hubiésemos dejado entrar una manzana podrida en nuestro cesto, poco a poco toda las demás se irán pudriendo también.

Si anticipamos que se repetirán situaciones desagradables de días anteriores, que sólo nos encontraremos con un montón de problemas por resolver y con las malas caras de los compañeros…lo más normal es que ya empecemos a sentir ansiedad o un alto nivel de estrés. Y habremos reducido en un porcentaje muy alto nuestra capacidad de trabajo efectivo.

Es necesario practicar día a día y de manera constante dos cosas:
Primero cortar de raíz nuestros pensamientos negativos y los de las personas que nos rodean, son la mala hierba que impedirá crecer flores en el jardín. Hay que hacer un esfuerzo por cambiarlos con otros positivos y más realistas.
Por ejemplo “ hoy me encontraré con otro montón de problemas por resolver”, se puede cambiar por “cada día consigo dar salida o solución a las situaciones que se presentan”. “Nadie aprecia el trabajo que hago”, se podría cambiar por “mi trabajo repercute cada día en el bienestar de muchas personas”.
El segundo punto importante es buscar unos momentos de relax. Depende del tipo de trabajo que realicemos pero aunque sólo podamos desconectar unos minutos nos será de gran valor. Ese tiempo precioso lo dedicaremos a desconectar y practicar algún tipo de relajación y/o visualización positiva. De verdad que los beneficios nos recompensarán.

Cambiar nuestros pensamientos negativos por positivos nos puede generar confianza, alegría, serenidad y eso nos ayudará a sentir menos ansiedad y estrés.

¿Por qué callamos cuando no somos felices?

“Yo creía que nos iba bien”
Cuántas veces hemos escuchado esta frase de alguien que acaba de sufrir un desengaño amoroso, una ruptura o una separación. Si nos paramos a pensar, nada se derrumba de un día para otro sin previo aviso. Nadie se levanta un día y decide terminar con su relación. Sin embargo muchas veces no nos percatamos de nada hasta que ya todo está perdido.

¿Qué nos está pasando?. Si partimos de la base de que la inteligencia humana es la capacidad de adaptarnos a las nuevas situaciones, no se nos debería escapar nada, tendríamos sólo que hacer los reajustes precisos para que todo siguiese marchando bien.
El error, pienso, mejor dicho siento, que está entonces en el paso previo, en la evaluación de la situación. Cada miembro de la pareja ve sólo aquello que quiere ver, es una ceguera por inercia, un mirar sin ver realmente porque ya hemos decidido de antemano que lo que veremos es lo mismo que hemos visto siempre. También puede suceder que sintamos que a nosotros nos compensa, que lo que ponemos en la relación y lo que recibimos es lo que hasta ahora hemos venido haciendo y nos cuesta salir de nuestro círculo y ver que es la otra persona la que está sintiendo un desequilibrio en la balanza del amor.

“Me daba vergüenza decirte que deseaba un poco más de felicidad es nuestra vida”
Es una frase de Richard Gere en la película Bailamos. VERGÜENZA como podemos sentir vergüenza de expresar lo que sentimos. El bueno de Richard sólo necesitaba un poco de emoción, de entusiasmo y lo encontró en el baile. Claro la mujer se enfada porque no se entera hasta que no le pone un detective para saber porqué llega tarde a casa. A nuestra Susan Sarandon le falló el mecanismo de percibir en su relación ese pequeño cambio en las necesidades de su marido, el aburrimiento, la monotonía. (No les cuento más por si no han visto la película).

Si la base de toda relación, sea un acuerdo con mayor o menor grado de compromiso o incluso de implicación, es la comunicación debe hacerse imprescindible dar señales a la otra parte de lo que pensamos y sentimos, de lo que vivimos en cada momento de nuestra vida. El problema es que hay muchas cosas que damos por supuestas sin darnos cuenta que nuestra vida, nuestra ideas, nuestras necesidades, nuestras prioridades, nuestros gustos incluso varían!!! Esa es un de nuestras riquezas como seres humanos.

Estos cambios desequilibran el acuerdo tácito o las normas implícitas que tenía nuestra relación. Pero cuidado, nadie habla de perjudicar, hablo de desequilibrio y ahí está la clave. Hay que percibir la nueva situación, ya se trate de algo que queremos o necesitamos nosotras mismas o nuestra pareja. Todo se puede hablar, comunicar. Quizá no sea algo a lo que estemos acostumbrados pero nunca es tarde para empezar a practicar y ver los enormes beneficios.

Psicología 24 horas quiere empezar el año animándoles a todos a tener más comunicación en la pareja.

¿Empezamos el año con un cuento?

“Érase una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era una buena persona, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades.
Había días en que se levantaba optimista, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos. Esos eran días en que el rey bajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.
Eran grandes días en los que se sentía capaz de grandes proyectos y confiaba en sí mismo.
Sin embargo, había también días pesimistas…
Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.
Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aún más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. No lo apetecía recibir a nadie. No confiaba en sí mismo ni en el futuro.
Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores…
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO.
Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera. Necesito de ustedes, señores, que trabajen juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey. Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso.
Esa noche el rey lloró. A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia…
Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio.
Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.
El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo…
Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:
Debes saber que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.”
 ¿Quién no se ha sentido alguna vez como nuestro buen rey?
Es curioso, sobre todo, durante y después de tanta fiesta y tanta celebración, a veces nos levantamos sin reconocernos a nosotros mismos.
Quizá nos ayude el recuerdo de este cuento para los altibajos emocionales de esta cuesta de enero.
ESTO TAMBIÉN PASARÁ
Feliz 2010 a todos.
Psicología 24 horas