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Tratamiento para las obsesiones

El 18 de Febrero publicamos un artículo sobre las obsesiones, quedaba por tanto complementarlo con este sobre como autoayudarse a superarlo.
El primer paso es saber detectar un pensamiento obsesivo. Es aquel que da vueltas una y otra vez en la cabeza aunque no se quiera pensar más en ello. Aunque se haya detectado, nuestro propio pensamiento intentará engañarnos y hacernos ver que tenemos que pensar en ese problema y volver sobre ese mismo tema.

Si un pensamiento le hace sentir mal deságase de él cuanto antes. Pensar más no es pensar mejor. Los pensamientos obsesivos reducen nuestra visión de la realidad y nos hacen filtrar sólo lo negativo, por ello es muy importante aprender a no hacerles caso.

Hay que desconectar. Para ello es muy importante respirar profundamente y dedicarnos a alguna actividad que nos mantenga concentrados. Puede ser salir de compras, llamar por teléfono a una familiar o amigo, jugar con niños y niñas pequeños, leer un libro, ver una película… trabajar como voluntario puede ser una buena alternativa porque pensar en otras personas, ayudarles y escucharles aumenta nuestra autoestima.

Hay que parar el pensamiento de forma contundente. Decir “basta ya”, tengo autoridad suficiente sobre mi pensamiento para controlarlo y que no me haga daño. No puede dejar que su propio pensamiento le venza. Debe llevar las riendas de su propia vida.

Nada más notar que una idea se vuelve repetitiva e intrusiva apúntela, siga con lo que esté haciendo y cuando pueda dedicarle tiempo analícela a ver si se trata de un pensamiento obsesivo.

Es recomendable aprender y practicar a menudo algún tipo de relajación mental o meditación y compatibilizarlo con ejercicio físico.

En resumen, hay una serie de cosas que pueden ayudarle y otras que le perjudicarán:

Le ayudará pasear y hacer ejercicio. Aprender a meditar, relajarse, leer, escuchar música. También sería buena para encontrar paz encontrar alguna aficción a la que dedicar parte de nuestro tiempo (pintura, manualidades, voluntariado…) Dedicarnos a otras personas nos saca de nuestro mundo y de la espiral de pensamientos obsesivos.

Empeorará las cosas el dar por buenos esos pensamientos y dejar que le arrastren a lo negativo (si no dejo de pensar que mi pareja no me quiere debe ser porque es así). La sensación de pérdida de control aumentará si se bebe alcohol, se abusa del café (porque sobreactiva nuestro pensamiento) o si se intenta solucionar comiendo (lo que además aumentará el sentimiento de culpa)

Si cree que necesita ayuda profesional Psicología 24 horas está a su disposición en el teléfono 807-505-766

Tratamiento de la ansiedad

Existen dos grandes grupos de tratamientos para la ansiedad: tratamiento farmacológico y tratamiento psicológico.

El farmacológico consiste en tomar pastillas tranquilizantes. El problema de los tranquilizantes es que crean dependencia (no se puede dejar de tomar la pastilla de repente) y crean tolerancia (se necesita cada vez más dosis para conseguir el mismo resultado). Los tranquilizantes no curan la ansiedad, lo que hacen es amortiguar los síntomas.

En psicología 24 horas trabajamos con un enfoque de psicoterapia cognitiva-emocional partiendo de la base de que la ansiedad se está produciendo porque el cerebro está codificando de forma errónea, a través del pensamiento, lo que ocurre en la realidad. Se está filtrando la realidad y sobretodo el futuro como algo amenazador y peligroso.
La realidad nos llega a través de los sentidos y se procesa interiormente a través del pensamiento. Si ese pensamiento es codificado de forma equivocada, la información que llega al cerebro es también errónea, produciéndose una alteración entre el pensamiento y la realidad.
Las terapias cognitivas están basadas en los últimos descubrimientos sobre el cerebro humano.
Se trabaja identificando pensamientos dañinos y cambiándolos por otros más realistas. Este sería el foco principal.
También se intenta llenar la vida de actividades que puedan distraernos, dar paseos al aire libre, hacer ejercicio, practicar algún deporte, incluso ir de compras o visitar amigos.
También se entrenará al paciente en relajación, en el reconocimiento de sus síntomas ansiosos y se practicará la visualización positiva.
A todo ello hay que añadir la disposición de la persona a mejorar para que en pocas semanas se vean resultados positivos.

Tipos de ansiedad

Esto es tan sólo una lista de los trastornos de ansiedad comúnmente diagnosticados.

Crisis de angustia (panic attack)

Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos: Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de ahogo o falta de aliento, sensación de atragantarse, opresión o malestar torácico, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad, mareo o desmayo, desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo), miedo a perder el control o volverse loco, miedo a morir, parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo) ,escalofríos o sofocaciones .

Agorafobia

Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas similares a la angustia, puede no disponerse de ayuda.
Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en autobús, tren o automóvil.
Estas situaciones se evitan (negarse a viajar), por temor a que aparezca una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia, o se hace indispensable la presencia de un conocido para soportarlas.
Esta ansiedad o comportamiento de evitación no puede explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental como fobia social (p. ej., evitación limitada a situaciones sociales por miedo a ruborizarse), fobia específica (p. ej., evitación limitada a situaciones aisladas como los ascensores), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej., evitación de todo lo que pueda ensuciar en un individuo con ideas obsesivas de contaminación), trastorno por estrés postraumático (p. ej., evitación de estímulos relacionados con una situación altamente estresante o traumática) o trastorno de ansiedad por separación (p. ej., evitación de abandonar el hogar o la familia).

Angustia sin agorafobia

Son crisis de angustia inesperadas y que se repiten. Al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas: inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis, preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, “volverse loco”), cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis
Ausencia de agorafobia y tampoco en este caso pueden explicarse mejor los síntomas por la presencia de otro trastorno mental.

Angustia con agorafobia

Son crisis de angustia inesperadas y que se repiten. Al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas: Inquietud persistente por la posibilidad de tener más crisis, preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias, cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis.
Las crisis cursan con agorafobia, no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo) y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental.

Agorafobia sin historia de trastorno de angustia

En ocasiones puede aparecer agorafobia en relación con el temor de desarrollar síntomas similares a la angustia (p. ej., mareos o diarrea) sin que se cumplan los criterios diagnósticos del trastorno de angustia.

Fobia específica

Se trata de un temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos (p. ej., volar, precipicios, animales, administración de inyecciones, visión de sangre).
La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación determinada. En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o abrazos. La persona reconoce que este miedo es excesivo o irracional. La situación fóbica se evitan o se soportan a costa de una intensa ansiedad o malestar.
Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar provocados por la situación temida interfieren acusadamente con la rutina normal de la persona, con las relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien provocan un malestar clínicamente significativo.

Fobia social

Es un temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso.
En los niños es necesario haber demostrado que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto.

Trastorno obsesivo-compulsivo

Las obsesiones se definen por cuatro puntos clave:
1.Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos .
2.Los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real.
3.La persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos.
4.La persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen impuestos como en la inserción del pensamiento)
Las compulsiones se definen por comportamientos como lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones o actos mentales como rezar, contar o repetir palabras en silencio, que son de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente El objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento o situación negativos; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o bien resultan claramente excesivos
En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales. Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida social.

Trastorno por estrés postraumático

La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás. También puede ser que haya respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. En los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados
El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas: recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. En los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma.
Es posible que se manifieste a través de sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. En los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico.
Se puede dar también malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático y/o respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
La persona evitará persistentemente los estímulos asociados al trauma y se puede observar embotamiento de la reactividad general del individuo de los siguientes síntomas:
1.Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
2.Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
3.Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma .
4.Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
5.Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6.Restricción de la vida afectiva (p. ej., incapacidad para tener sentimientos de amor )
7.Sensación de un futuro desolador (p. ej., no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal)
Síntomas persistentes de aumento de la activación ausente antes del trauma, con dificultades para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad o ataques de ira, dificultades para concentrarse, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto .

Trastorno por estrés agudo

La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás, habiendo respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Durante o después del acontecimiento traumático, el individuo presenta tres (o más) de los siguientes síntomas disociativos: Sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad emocional, reducción del conocimiento de su entorno (p. ej., estar aturdido), desrealización, despersonalización, amnesia disociativa (p. ej., incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma).

El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente en al menos una de estas formas: imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashback recurrentes o sensación de estar reviviendo la experiencia, y malestar al exponerse a objetos o situaciones que recuerdan el acontecimiento traumático.
Evitación acusada de estímulos que recuerdan el trauma (p. ej., pensamientos, sentimientos, conversaciones, actividades, lugares, personas). Síntomas acusados de ansiedad o aumento de la activación (arousal) (p. ej., dificultades para dormir, irritabilidad, mala concentración, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto, inquietud motora).
Estas alteraciones provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo, o interfieren de forma notable con su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables, por ejemplo, obtener la ayuda o los recursos humanos necesarios explicando el acontecimiento traumático a los miembros de su familia. Duran un mínimo de 2 días y un máximo de 4 semanas, y aparecen en el primer mes que sigue al acontecimiento traumático.

Trastorno de ansiedad generalizada

Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que se prolongan más de 6 meses y resulta difícil controlar. Está asociada a estos síntomas: Inquietud o impaciencia, fatigabilidad fácil, dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular, alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador) .

Existen también un trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica y otro inducido por sustancias.

(próximamente artículo sobre el tratamiento de los trastornos de ansiedad en psicoterapia cognitivo-emocional)

Síntomas de la ansiedad

La ansiedad es una respuesta de miedo que damos en situaciones en la que no existe peligro real, sin embargo nuestro sistema límbico interpreta que existe un peligro para la vida. A muchas personas les cuesta diferenciar si lo que sufren es ansiedad o se trata de algún otro problema médico. Por ello les he preparado este artículo donde separo los síntomas que la ansiedad produce a nivel de pensamiento, de nuestros movimientos y de nuestros distintos sistemas. No han de todos a la vez para que la persona sea diagnosticada de trastorno por ansiedad.

Síntomas subjetivos, cognitivos o de nuestro pensamiento

1.preocupación excesiva y continua
2.inseguridad general
3.miedo o temor injustificado
4.aprensión
5.pensamientos negativos (inferioridad, incapacidad)
6.anticipación de peligro o amenaza
7.dificultad de concentración
8.dificultad para la toma de decisiones
9.sensación general de desorganización o pérdida de control sobre el ambiente

Síntomas motores, lo que se observa

1.hiperactividad
2.paralización motora
3.movimientos torpes y desorganizados
4.tartamudeo y otras dificultades de expresión verbal
5.conductas de evitación

Síntomas fisiológicos o corporales

1.síntomas cardiovasculares: palpitaciones, pulso rápido, tensión arterial alta, accesos de calor
2.síntomas respiratorios: sensación de sofoco, ahogo, respiración rápida y superficial, opresión torácica
3.síntomas gastrointestinales: náuseas, vómitos, diarrea, aeorofagia, molestias digestivas
4.síntomas genitourinarios: micciones frecuentes, enuresis, eyaculación precoz, frigidez, impotencia
5.síntomas neuromusculares: tensión muscular, temblor, hormigueo, dolor de cabeza tensional, fatiga excesiva
6.síntomas neurovegetativos: sequedad de boca, sudoración excesiva, mareos

Si padece ansiedad y no se encuentra capacitado para superarlo por sí mismo, Psicología 24 horas se encuentra a su disposición en el teléfono 807 505 766

Obsesiones y pensamientos intrusivos

¿Quién no ha sufrido alguna vez una idea o pensamiento que se repite y nos angustia?

Las obsesiones son eso, ideas, pensamientos, impulso o imágenes que son experimentadas como intrusivas e inapropiadas y que causan ansiedad o angustia. Son pensamientos incontrolables e involuntarios que se producen en nuestra mente repetidamente. La persona que experimenta las obsesiones con frecuencia sabe que no tienen sentido, pero se siente incapaz de detenerlas.

Obsesiones comunes en las personas que sufren trastorno obsesivo-compulsivo son el temor de contaminación, el miedo a la suciedad o nada “sucio incontrolable sexual imágenes o pensamientos que puede ser desagradable e imposible de detener, supersticiones y la excesiva atención a las cosas considera afortunado y la mala suerte, y un deseo de orden y la simetría donde las cosas deben colocarse o alineados de una manera particular o patrón. Realmente no es necesario padecer un TOC para sufrir un pensamiento intrusivo u obsesionarse con cualquier tema o persona que tenga más o menos relevancia para nosotros.

Pensamiento intrusivo es lo que literalmente suena, un pensamiento que se “cuela” en la mente y se repite en contra de la voluntad de la persona, hasta provocar preocupación, malestar. Como una canción que repetimos a cada instante sin darnos ni cuenta.

En muchas ocasiones puede ser algo que no cause malestar a la persona y que desaparece al cabo de un tiempo más o menos largo. Otras veces se requiere aprender alguna técnica que ayude a superarlo. Es algo que le ocurre a muchas personas. De hecho, psicólogos ingleses investigaron los pensamientos obsesivos en una muestra de 302 personas de la población general y el 84 % informó que habían experimentado el asalto de pensamientos, imágenes o impulsos indeseados más de una vez en su vida.
Quizá lo que haya cambiado con el paso del tiempo son los temas. Antes solían ser temas religiosos o de culpa y en los últimos años se refieren más a miedo a tener un determinado virus, a padecer una enfermedad. No es alarmante el tener este tipo de ideas, lo peligroso es confundirlas con la realidad, ya estaríamos hablando de pensamiento mágico propio de un trastorno obsesivo compulsivo.
Se puede entender mejor con un ejemplo histórico:
Tolstoy le dijo un día a su hermano – “Quédate en el rincón hasta que dejes de pensar en un oso blanco.” A pesar de ser una instrucción fácil, el hermano no pudo llevarlo a cabo. Se quedó horas en el rincón pensando sin parar en osos blancos.
Eso es lo que nos pasa a todos cuando queremos dejar de pensar en algo. Cuánto más luchamos contra la idea, ésta se hace cada vez más frecuente e insistente. Siempre que deseamos dejar de pensar en algo logramos el efecto contrario. Así se mantienen las ideas obsesivas. Es un paradoja pero en realidad hay que aceptar la idea y no luchar contra ella para que no os obsesione.
Si cree que no es capaz sólo de superar sus pensamientos intrusivos o si cree que puede sufrir un trastorno obsesivo compulsivo pida ayuda en nuestro teléfono:
Psicología 24 horas 807 505 766

Arrastrados por la corriente del río

La ansiedad es como las aguas de un río. Si hay poca y no hay mucha corriente, nos encontramos bien, nadando entre nuestras emociones. A medida que aumenta el caudal de agua (las preocupaciones) aumenta la corriente y sentimos que nos arrastra con ella. Entonces intentamos nadar hasta la orilla, a veces con éxito y conseguimos así superar un episodio de ansiedad por nosotros mismos. Otras veces la corriente, la fuerza que lleva el agua es tan fuerte que necesitamos que alguien desde fuera nos eche una cuerda y vaya tirando de nosotros con fuerza hasta la orilla.

La ansiedad es la emoción de la inseguridad. A nivel mental nos produce indecisión, inseguridad, duda. A nivel emocional sentimos agobio, angustia, preocupación excesiva. A nivel físico, qué es lo que más nos puede asustar, mareos, dificultad para respirar, aumento de las pulsaciones, sequedad en la boca, dolor de estómago, diarrea, agarrotamiento de los músculos, manos y pies fríos…

El trabajo de Psicología 24 horas es ayudarle para que no se deje arrastrar por la corriente del río. Le explicamos qué es la ansiedad y cómo funciona, le enseñamos relajación y visualizaciones positivas, para irle haciendo frente. Le ayudamos a recuperar poco a poco la autonomía emocional, a reconocer la inseguridad, la indecisión, la confusión para expresarlos y tomar medidas. Estableceremos juntos una jerarquía de metas y le enseñaremos los recursos para irlas logrando.

Nuestro propósito es que nuestros pacientes poco a poco recuperen su autonomía y aprendan a nadar solos para salir del río.

Cómo hacer frente a la ansiedad

La ansiedad es uno de los problemas que padecen más personas en nuestra sociedad. Un trastorno de ansiedad es un estado de confusión mental y un bajo nivel de control comportamental, la persona sufre una serie de síntomas físicos a partir de una interpretación desajustada de la realidad. Hay una pérdida de control de las emociones, los pensamientos y las conductas. Una persona que sufre ansiedad interpreta el mundo que la rodea  mal y de forma negativa, distorsionada.

Esta “distorsión cognitiva” es el principal síntoma, por ello el tratamiento pasa por una fase de análisis de los pensamientos e interpretaciones del paciente y seguidamente una “reconstrucción”.

Por ejemplo un paciente que tiene que enfrentarse a una entrevista de trabajo comenzará desde el día anterior (o incluso antes) a repetirse ideas desajustadas distorsiones cognitivas del tipo “seguro que no les gusto” “habrá otro con más experiencia que yo” “me pondré muy nervioso y ni siquiera podré hablar” y sentirá un gran número de síntomas y signos que irán en aumento a medida que se acerca el momento real de la entrevista; palpitaciones, sudoración, náuseas o diarrea, sensación de sofoco o agobio, respiración entrecortada, sensación de ahogo, parestesias, dolor de cabeza, nudo en la garganta étc, étc, étc…

Para empezar a trabajar habrá que ir desmontando y razonando las ideas irracionales “tengo las mismas posibilidades de gustarles que otra persona” “no sé que experiencia tendrán otros, pero tampoco es lo único que importa” “estar nervioso puede significar interés en el puesto”. Esto lleva algunas sesiones de trabajo interiorizarlo, además se trabaja también con relajación y visualizaciones positivas.

El tratamiento farmacológico puede ser un comienzo para ayudar a controlar los síntomas, pero no será efectivo si no se complementa con un tratamiento psicológico llevado a cabo por buenos profesionales.

Algunas pautas para manejar la ansiedad

-    Acéptela cuando aparezca.
-    Escúchela buscando dentro de usted. No la juzgue. Obsérvela, siéntala pero sigua sintiendo todo lo demás.
-    Actúe cuando tenga ansiedad como si no la tuviera. No huya de la situación para que el miedo no le gane la batalla.
-    No le permita que no le deje continuar con su vida, con lo que estaba haciendo.
-    REPITA: aceptarla, escucharla y actuar como si no la tuviera.
-    Espere siempre lo mejor: lo que teme raramente ocurre.
-    Imagínese aprendiendo a manejarla mejor.