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Cómo nos castiga la culpa

En un archivo del 24 de Octubre ya hablamos sobre la culpa. A petición como siempre de nuestro usuarios ampliamos la información con este artículo.
La culpa es una emoción peligrosa si no se sabe manejar correctamente, puede conducirnos al bloqueo y al encierro en nosotros mismos. Puede llevarnos a un castigo continuo porque está conectada con nuestro instinto o pulsión de muerte.
Puede arrastrarnos a la pasividad, dejarnos indefensos y hacer que otras personas puedan manejarnos a su antojo. La culpa es la emoción de las personas que buscan que las quieran a pesar de todo, de las que tienen miedo a ser abandonadas
Es una emoción tan dañina que hace tambalearse nuestra autoestima, nuestro amor incondicional a nosotros mismos. Si nos falla la creencia en nuestra valía personal tampoco nos sentiremos dignos del amor de los demás. Finalmente nos olvidaremos de quienes queremos ser para convertirnos en quien los demás quieren que seamos. Más tarde llegan la agresividad y el autoreproche, porque esta manera de estar en el mundo tampoco nos satisface.
Hay señales que nos avisan de que la culpa está ahí:
Señales físicas (presión en el pecho, dolor de estómago, de cabeza, de espalda)
Señales emocionales (nerviosismo, desasosiego, agresividad, irascibilidad)
Señales mentales (pensamientos que se repiten y autorreproches)

Este sentimiento como todos, está afectado por nuestro entramado de pensamientos, por nuestra manera de interpretar los acontecimientos. Habría distintas maneras de reaccionar:
contra nosotros: nos sentimos culpables exclusivos de todo lo ocurrido.
contra los demás: culpabilizamos de todo, inclusive de nuestros males, a los demás, como forma de no ser responsables de lo sucedido.
Impunitivamente: pensamos que nadie tiene la culpa de nada, que son las circunstancias sin más. Esta forma de razonar puede tener de bueno el conseguir descargar el agobio y no hacer más penosa la situación, aunque se puede caer en la simplificación y la irresponsabilidad.
Es importante para nuestra salud la congruencia, que exista concordancia entre lo que pensamos y nuestras acciones. Con ello conseguiremos que no nos amenace la culpa. Esto no quiere decir que si pensamos que algo no lo hicimos bien no se pueda rectificar, sino que no hay que mortificarse constantemente por ello.
Una manera de sacar algo positivo de este sentimiento es reflexionar. Ser conscientes del conflicto y, a partir de ahí, pensar en soluciones y dar los pasos oportunos que restablezcan nuestro vivir coherente.

Son personas propensas a tener sentimiento de culpa las que tienen un pensamiento rígido, negativo y perfeccionista. Las personas que están pasando por circunstancias especiales, en las que hay que tener en cuenta nuestras necesidades del momento y las circunstancias especiales en las que no podemos tener todo el control.

Etapas de un duelo normal.

Como le tenía prometido a algunos de ustedes aquí les dejo esta pequeña guía sobre lo que es un duelo.

Es un proceso que consta de varias fases que hay que ir superando:
-    1º Incredulidad. Parálisis, negación, confusión. Es la etapa del “no puede ser”, de repetirnos a nosotros mismos que todo sigue igual, que en cualquier momento le veremos entrar por la puerta y saludarnos como siempre hacía. La noticia de la muerte o ruptura nos produce un shock, un periodo de no- respuesta. Se ve a la persona paralizada o con la fantasía de despertar y que todo haya sido una pesadilla. Es en realidad un estado confusional en el que todavía no entendemos lo que pasa.

-    2º Regresión. Llanto explosivo, berrinche, desesperación. Se toma conciencia de la persona que murió o que nos dejó, ahora el dolor es agudo e insoportable, irracional. Las emociones dominan totalmente.

-    3º Furia. Con el causante de la muerte o separación o con el muerto o la expareja por el abandono. También se pueden ver personas que se enfadan con dios o con los médicos que no pudieron salvarle la vida, el caso es encontrar a alguien responsable.

La persona dejará en un momento dado de sentir dolor y pasará a sentir enfado, ira, rabia. Esta furia tiene la función de anclarnos a la realidad de prepararnos o protegernos para lo que viene después.

-    4º Culpa. Por no haber podido salvar, por lo que no hicimos….por casi cualquier cosa. Es una defensa ante la impotencia que se avecina en la siguiente fase.

-    5º Desolación. Es la fase más horrible de todas, la más dura, la de la tristeza dolorosa y aplastante, la de la falta de energía.

Impotencia, no hay nada que se pueda hacer, desasosiego. Seudoalucinaciones, en esta etapa es corriente creer que hemos oído su voz, despertarnos creyendo que le sentimos llegar como cada noche.

Se conecta con el vacío dejado, con la tan temida soledad. Se puede confundir con una depresión debido a la inacción y al sentimiento de desesperanza.

-    6º Fecundidad. Nos identificamos con la persona desaparecida, revalorizamos sus virtudes. El peligro de esta etapa es idealizar salirnos de la realidad. Es un puente hacia lo que sigue. En esta fase se empiezan a hacer cosas dedicadas a la persona que nos falta, inspiradas en el vínculo que nos unía a ella.

-    7º Aceptación. Discriminación, separarse del ser que ya no está, retomar nuestro camino sin él. Interiorización es entender que algo de esa persona queda en nosotros, siguen vivas las cosas que aprendí y viví.

Así es como describe y explica el proceso Jorge Bucay en el libro “El camino de las lágrimas”

Vale más encender velas que maldecir la oscuridad

Si pesimismo es juzgar las cosas es sus aspectos más desfavorables y esperar siempre lo peor, optimismo es juzgarlas desde su aspecto favorable y esperar lo mejor en el futuro.
Depende en gran parte de componentes que heredamos, pero eso no significa que no se pueda aprender. Martin Seligman, fundador de la Psicología Positiva, nos decía que todo el mundo es capaz de aprender optimismo y mejorar con ello sus vidas.
Es posible que las malas experiencias nos hayan llevado a ser pesimistas, es necesario tomar conciencia de ese  ancla que arrastramos (el pesimismo) y empezar a trabajar para elevarla y poder seguir navegando. Los pensamientos pesimistas y derrotistas nos anclan y el optimismo nos da velas para poder navegar. Es importante aumentar nuestra autoestima y fijarnos en nuestros esfuerzos más que en nuestros logros.
El optimismo nos ayuda a ser perseverantes, no es el antónimo de realismo, el optimista no es un ingenuo, es entusiasta y positivo pero sin vivir en una falsa realidad.
“El optimista tiene siempre un proyecto, el pesimista una excusa”. Anónimo
El optimismo es como el pan en una mesa, si no lo tenemos hay que salir corriendo a comprarlo. Si vemos que empieza a faltarnos hay que intentar poner remedio.
Les dejo un pensamiento positivo de R. Tagore para terminar con optimismo:

“Si lloras porque has perdido el sol,  las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.

La culpa

- Debería haberlo hecho y no lo hice.
- Debería haberlo hecho mejor.
- Pude haberlo evitado.
- No he sabido verlo antes.

Todos nos hemos repetido frases como estas en alguna ocasión, todas las personas han sentido la tortura del arrepentimiento, la culpa por algo que se hizo, que no se hizo y debería haberse hecho, o por algo que no salió bien. Es muy normal en situaciones en las que queremos agradar y gustar a los demás.

Mostrándonos como realmente somos nos sentimos diferentes al resto y eso a veces nos causa miedo, al rechazo a que el cariño que deseamos recibir se vea comprometido.

Acompañando a la acción (por ejemplo decirle a una amiga que no tenemos ganas de salir con ella ese día) se produce un juicio en la persona que no corresponde con la imagen de sí misma (no soy una buena amiga, no me merezco el cariño de mis amigos) y de ahí el sentimiento de culpa.

La culpa busca el castigo, es la emoción de los que buscan desesperadamente que les quieran.

Para manejarla hay que cambiar la acción que entra en conflicto con la percepción de uno mismo. Es necesario ampliar la imagen o código moral sobre el que actuamos. Para ello será preciso aceptar que como seres humanos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar, a opinar distinto de los demás. Los sentimientos cumplen la función de informarnos sobre lo que nos rodea, sobre como percibimos nuestro mundo, pero no podemos sobredimensionarlos ni dejar que nos controlen. Hay que saber escucharlos y saber qué nos piden.

Aburrimiento, apatía y tedio

El aburrimiento nos avisa de algo, es una señal de alarma, aunque a veces hay que trabajar un poco con nosotros mismos para averiguar qué es lo que nos pasa.

La sintomatología es una falta de entusiasmo y de alegría generalizados. Falta de actividad, la persona no siente ganas de hacer nada, hay una pasividad extrema. Falta de imaginación, bostezos, visión estrecha de uno mismo. Falta de deseo.

Esta apatía nos está pidiendo a gritos un cambio de actitud mental. Es posible que la persona no esté siendo lo suficientemente consciente de lo que ocurre en su vida, o que el orgullo no le deje disfrutar de nada. Es imprescindible para salir de ese tedio y volver a ilusionarse, tomar las riendas, porque el mensaje es que necesitamos metas, orientación hacia lo que queremos lograr, en definitiva ser más consciente de nuestro propio proceso personal.

La persona aburrida necesita trabajar la alegría, la euforia, los deseos. Sus mayores enemigos son la pereza y la comodidad.

Se puede empezar el trabajo personal algunas preguntas del tipo:
-    ¿Qué me está ocurriendo? ¿Por qué creo que me ocurre?
-    ¿Sé lo que quiero hacer con mi vida? ¿A dónde quiero encaminarla?
-    ¿Estoy dispuesto a luchar para saber qué es lo que quiero y llegar al fondo de mis necesidades?

Cómo siempre digo, si la persona no se siente capaz por sí sola de superar esa situación lo mejor es acudir a un profesional de la psicología, que le dará las pautas y le acompañará en su proceso personal.

Tristeza

La tristeza es la emoción de lo que fue y ya no es o de lo que es que ya no será. Surge cuando no aceptamos le realidad.

Puede tener distintos síntomas según la personalidad; acelera las pulsaciones del corazón, llanto, disminuye nuestra energía, tendencia a estar tumbados, reducción del entusiasmo y las ganas de hacer cosas. A veces pueden observarse en la persona triste síntomas pulmonares.

Es la emoción de los apegados, del no aceptar la nueva situación, es el “no puede soportarlo”.

A nivel mental produce apego, paralización, rencor. A nivel emocional, tristeza depresión, añoranza. A nivel físico, afecta al pulmón y al intestino grueso.

Pero seguro que más que por mis palabras, entienden ustedes lo que es la tristeza porque la han sentido en multitud de ocasiones.

Lo importante es qué podemos hacer para no dejar que la tristeza continuada nos arrastre hacia la depresión. Son aspectos a trabajar; la voluntad, aceptar los cambios. Intentar focalizar nuestra atención en otros temas, distraernos, pasear, concentrarnos en aspectos de nuestra vida que sí la llenan, buscar la compañía de las personas que nos quieren, seguir sembrando ilusiones…

Nada ni nadie es imprescindible en nuestra vida. Es la dependencia la que, en el fondo causa el malestar emocional.

Conociendo las emociones

La ansiedad

Es esa emoción que siente una persona cuando está agobiada, piensa que va a pasar algo malo sin tener motivos para creerlo, cuando vive las situaciones como una amenaza, cuando no cree en su capacidad para hacer algo, cuando tiene dudas sobre el futuro, es una emoción que se produce en situaciones de incertidumbre, cuando no sabemos qué va a pasar.

Esta emoción cumple una función adaptativa, nos prepara física y mentalmente para afrontar cualquier situación, nos hace estar alerta y conscientes.

¿Qué situación o  en qué momento ha sentido ansiedad últimamente?
¿Qué es lo que le preocupa más de su proyecto de vida personal o profesional?
¿Se siente agobiado ante distintas situaciones de su vida?

Tristeza

Pena, soledad, pesimismo. Es una emoción que se asocia a la pérdida, al fracaso a la separación física o psicológica. Es la que sentimos cuando nos abandonan, cuando pensamos en lo que pudo haber sido y no fue. Es el echar de menos, añorar, sentir nostalgia de alguien, es la emoción de la imposibilidad, de lo que ya no tiene remedio.

Nos acelera un poco las pulsaciones del corazón, disminuye nuestra energía, tenemos tendencia a estar tumbados, reducción del entusiasmo y de las ganas de hacer cosas. La depresión sería el grado mayor de tristeza, que se mantiene durante un periodo de tiempo prolongado.

La tristeza nos motiva a una nueva reintegración personal, a adaptarnos a los cambios.

¿Qué cosas le hacen sentir triste?
¿Qué echa de menos de tiempos pasados?
¿Qué pérdidas importantes siente que ha vivido?
¿A quién echa de menos?

La felicidad

Es el estado de ánimo que presenta la persona para quien la vida es como ella desea. La sentimos cuando algo nos agrada. Nos da una sensación de seguridad, de gratificación, de bienestar, también puede expresar con diversión, alegría, euforia.

Miedo

Es la anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad, nos hace tender a la protección. Es la emoción que sentimos al confesar que hemos hecho alguna travesura y sabemos que vendrá un castigo, miedo al daño, miedo al fracaso al rechazo, al ridículo.

El miedo suele estar acompañado de fuertes latidos del corazón, encogimiento de estómago, dolor de cabeza, sensación de bloqueo, temblores, sudores, hormigueos y paralización.

El miedo esconde toda la sabiduría que nos hace falta para desarrollarnos como seres humanos. Esconde un mensaje, una información que necesitamos oír, que nos hará crecer.

¿Qué es lo que más le da miedo?
¿A qué situación cree que no podría enfrentarse?
¿Qué situación suele producirle desconfianza o desasosiego?

Ira o rabia

Es la emoción que sentimos cuando queremos que alguien se comporte de manera distinta a como es en realidad o cuando queremos que las cosas sean de otra manera y no podemos conseguirlo. Cuando algo no se corresponde con lo que esperábamos, cuando nos sentimos frustrados, cuando me desilusiono por lo que alguien hace o piensa, cuando dependemos de otra persona para sentirnos bien. En definitiva cuando la realidad no se ajusta a nuestros deseos y tenemos la creencia irracional de que las personas y las cosas han de ser como nosotr@s pretendemos o necesitamos que sean.

Mostrar nuestro enfado alguna vez, cuando hay una justificación ayuda a descargar tensiones, pero debemos desarrollar el autocontrol suficiente para que la situación no se nos vaya de las manos ni hagamos pagar nuestra rabia a una persona equivocada. La rabia puede llevarnos  al deseo de destrucción

¿Qué cosas o situaciones le irritan o “le sacan de sus casillas”?
¿Cree que muchos de sus enfados a salidas de tono podrían haberse evitado?

Aburrimiento o apatía

Es la emoción de la rutina, de la falta de ilusión, de no ver sentido a nada, de no tener objetivos, de no sentirnos motivados con lo que hacemos, falta de deseos. Nos suele sobrevenir cuando tenemos que estudiar algo que no nos gusta, que no hemos elegido o en situaciones en las que no tenemos posibilidad de desarrollar nuestra creatividad. Esconde cierta pereza y comodidad, preferir que las cosas sigan como hasta ahora.

Es la emoción que se opone a la euforia. Normalmente se manifiesta con falta de actividad, bostezos, sueño permanente, ensoñaciones, falta de concentración, necesidad de levantarse continuamente. El aburrimiento nos pide un cambio de actitud mental

¿En qué situaciones se suele aburrir?
¿Se siente sin ganas de hacer nada sin motivación para nada?
¿Qué actividades le resultan especialmente tediosas de realizar?

Culpa

Es la madre de todas las emociones, la tortura del arrepentimiento. Es un sentimiento de contradicción entre lo que ocurrió y lo que tendría que haber pasado, entre lo que hicimos y lo que creemos que tendríamos que haber hecho, hacemos un juicio que no se corresponde con la imagen que tenemos de nosotr@s mism@s. La culpa busca el castigo. Es la emoción de los que buscan desesperadamente que los quieran.

Los síntomas varían según las personas pero pueden aparecer conductas como estrujarse las manos, rascarse, bajar la cabeza, evitar el contacto visual, náuseas, dolor de estómago, ansiedad, angustia…También pueden aparecer pesadillas.

¿A quién cree que no acaba de complacer por mucho que lo intente?
¿Qué siente que no ha dicho y que era importante?
¿A quién no le perdona qué cosas?
¿A quién le ha dicho algo de lo que ahora se arrepiente?
¿Qué podría hacer en su vida que no está haciendo?

Envidia

Es la emoción, el malestar que experimentamos con el bien ajeno, ya sea económico, social o intelectual. Es el deseo de poseer algo que no tenemos, de parecernos a otras personas.

Es un sentimiento universal e inherente al ser humano. Puede producir hostilidad hacia l@s demás o hacia nosotr@s mism@s o una motivación extra para esforzarse y trabajar más duramente para conseguir lo que se desea.

Vergüenza o timidez

Es un sentimiento de inquietud y de pérdida de la autoestima, turbación del ánimo que ocurre cuando nos sentimos humillad@s, ofendid@s y tenemos miedo a hacer el ridículo.

Es útil si nos hace ser más prudentes o mantener una actitud discreta ante una situación nueva y desconocida, hace aumentar nuestro estado de alerta, y así podemos detectar más fácilmente las características de la situación y decidir la actitud apropiada. El problema es cuando el miedo y la inseguridad se hacen constantes y fuertes,  nos impiden relacionarnos o hacer ciertas cosas.

Desesperanza aprendida

A petición de algunas personas asiduas a nuestra página de Psicología 24h voy  a dedicar un ratito para contarles lo que leí sobre desesperanza aprendida.
Es un fragmento del libro de Luis Rojas Marcos “La fuerza del optimismo”.

Habla de la relación entre el sentido de controlar la suerte en circunstancias y la esperanza. Los experimentos son de Richard Morris, profesor de Neurociencia de la universidad de Edimburgo. Este hombre se dedicó a hacer experimentos con conejillos de Indias, estudiando su memoria. Introdujo a la mitad en un estanque de agua enturbiada con un poco de leche, para que no vieran unos cuantos motículos que había colocado en el fondo. Estos eran los cobayas “con suerte”, porque mientras braceaban para flotar se podían apoyar y descansar temporalmente en los promontorios ocultos antes de proseguir su marcha en busca de una salida. A la otra docena de cobayas las metió en un estanque de aspecto similar pero sin promontorios. Estos conejillos “desafortunados” no tenían más remedio que nadar sin descanso para no ahogarse. Después de un buen rato los sacó a todos del agua para que se recuperaran.

A continuación tuvo lugar la prueba definitiva: el investigador echó a los veinticuatro cobayas a un estanque de agua, también enturbiada con leche, sin isletas donde descansar. Mientras los cobayas “con suerte” los que habían tenido montículos para apoyarse, nadaban a un ritmo tranquilo, el grupo de cobayas “desafortunados” chapoteaba desesperadamente sin rumbo. Justo en el momento en que las puntiagudas narices de los agotados conejillos de Indias desaparecían bajo el agua, Morris los rescató de uno en uno y , después de apuntar el tiempo que habían nadado, los devolvió  a sus jaulas extenuados y probablemente sorprendidos de estar vivos.

Cuando Morris calculó los minutos que los cobayas se habían mantenido a flote, descubrió que los del grupo “con suerte” habían nadado más del doble de tiempo que los desafortunados. Su conclusión fue que los del grupo con suerte habían nadado más tranquilos y durante más tiempo porque recordaban las invisibles isletas salvadoras de la primera prueba, lo que los motivaba a buscarlas con la esperanza de encontrarlas. Por el contrario, los cobayas que durante la primera prueba no habían encontrado apoyo alguno, tenía menos motivación para nadar y hasta para sobrevivir.

Luego habla también del experimento de Martin Seligman, el de “la auténtica felicidad”, es el de los perritos en las cajas electrificadas, pero ese lo cuento otro día.

Al margen de lo crueles que puden llegar a ser los investigadores, (que habría que pedir opinión a los pobres cobayas) a mí la historia me ha llegado mucho. Como si fuese un cuentecillo de autoayuda en vez de un experimento.

¿No se han sentido muchas veces como los cobayas “desafortunados”? Yo estoy pensando a ver donde está en mi vida el “Señor experimentador Morris” para tener con él unas palabritas.

Psicoterapia racional-emotiva

Una psicoterapia es una relación entre dos personas que utiliza procedimientos psicológicos. Consta de dos personas; una, profesional de la psicología y otra que quiere modificar o eliminar sus síntomas, sufrimientos, trastornos diversos de la salud mental o física para modificar aspectos de su conducta o promover un mejor conocimiento de su personalidad.

La psicoterapia racional-emotiva considera que los seres humanos se comportan en tres planos:
-    Cognitivo; que es un plano lógico y reflexivo.
-    Sentimientos; emociones e inconsciente.
-    Conducta; que es plano observable.

Todo lo que la persona hace está determinado por lo que observa del exterior  y la interpretación que haga de ello. El trastorno está ligado al mundo personal de creencias, filtro interpretativo de cuanto sucede, convirtiéndose en algo irracional y distorsionado.

La parte emocional del individuo está fundamentalmente implicada en los procesos erróneos, por lo que conviene intervenir terapéuticamente desde el sentimiento como base de la actuación.

Hay que aclarar o recordar que la psicoterapia no está reservada al tratamiento de las enfermedades mentales, sino que también puede aplicarse a ciertos trastornos corporales o afecciones psicosomáticas y a dificultades de adaptación, familiar, escolar y conyugal.

La ventaja de Psicología 24h es que permite tener sesiones telefónicas en el momento que el paciente lo necesite sin desplazarse al gabinete y sin listas de espera.

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

Me he preguntado siempre porque en los colegios no se enseña a nuestros niños y niñas Inteligencia Emocional, sería algo muy saludable y les daría herramientas y habilidades para enfrentarse a sus conflictos afectivos.

Nuestro sistema de enseñanza ha dado mucha importancia a los resultados, los logros a ser el mejor. De hecho todos hemos oído hablar alguna vez del CI o Cociente Intelectual y algunos incluso habremos pasado la experiencia de ser medidos en el colegio con algún test de inteligencia. Pero ¿alguien recuerda que le hablasen de la Inteligencia Emocional?

Es una pena porque no sólo necesitamos nuestra inteligencia para operaciones matemáticas o hablar en otros idiomas, es igualmente importante conectar con las emociones de uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme a mí y ver a los demás de forma positiva y objetiva.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada. Una persona emocionalmente inteligente posee la autoestima suficiente para confiar en sí misma, es positiva y sabe dar y recibir. Además es capaz de sentir empatía (entender los sentimientos de otras personas) cualidad que resulta especialmente valorada en las relaciones personales y afectivas.
Para los que ya no tenemos edad de ir a la escuelar sería bueno reflexionar si queremos seguir midiendo y  valorando sólo los logros académicos; respirando competitividad en nuestros trabajos o sería más interesante considerarnos personas completas incluyendo nuestra dimensión afectiva y emocional.

Reconocer los propios sentimientos es una habilidad que a veces damos por sentada, pero no es extraño que una persona no sepa si lo que siente es tristeza, ira, cansancio… Incluso podemos ver a muchos adolescentes que expresan enfado confundiéndolo con sentimientos de tristeza.

Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social. En manos de un buen profesional de la psicología podremos mejorar nuestra Inteligencia Emocional, con lo que seremos capaces de expresar tanto sentimientos positivos como negativos, así como de superar las dificultades y las frustraciones y encontrar equilibrio entre las exigencias y la tolerancia.