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	<title>Psicologia 24h - 807 505 766 &#187; Cuentos y relatos</title>
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	<description>Tu psicólogo al otro lado de la línea telefónica.</description>
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		<title>¿Empezamos el año con un cuento?</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 19:43:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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		<description><![CDATA[“Érase una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era una buena persona, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades. Había días en que se levantaba optimista, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Érase una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era una buena persona, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades.<br />
Había días en que se levantaba optimista, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.<br />
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos. Esos eran días en que el rey bajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.<br />
Eran grandes días en los que se sentía capaz de grandes proyectos y confiaba en sí mismo.<br />
Sin embargo, había también días pesimistas&#8230;<br />
Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.<br />
Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aún más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. No lo apetecía recibir a nadie. No confiaba en sí mismo ni en el futuro.<br />
Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores&#8230;<br />
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO.<br />
Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.<br />
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera. Necesito de ustedes, señores, que trabajen juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.<br />
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey. Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso.<br />
Esa noche el rey lloró. A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia&#8230;<br />
Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.<br />
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio.<br />
Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.<br />
El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.<br />
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?<br />
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo&#8230;<br />
Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.<br />
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:<br />
Debes saber que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.”<br />
 ¿Quién no se ha sentido alguna vez como nuestro buen rey?<br />
Es curioso, sobre todo, durante y después de tanta fiesta y tanta celebración, a veces nos levantamos sin reconocernos a nosotros mismos.<br />
Quizá nos ayude el recuerdo de este cuento para los altibajos emocionales de esta cuesta de enero.<br />
ESTO TAMBIÉN PASARÁ<br />
Feliz 2010 a todos.<br />
Psicología 24 horas</p>
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		<title>A correr</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Sep 2009 10:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo]]></category>
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		<category><![CDATA[filial]]></category>
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		<category><![CDATA[paternal]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí les dejo un cuentecillo popular para amenizar el mes de Septiembre. Cuentan que cierto día, estaban en el bosque un caballo y su pequeño hijo, ambos gustaban de correr sin rumbo fijo, solo por el placer de sentir el cálido aire sobre sus cabezas. Padre e hijo disfrutaban mucho de estas carreras y el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquí les dejo un cuentecillo popular para amenizar el mes de Septiembre.</p>
<p>Cuentan que cierto día, estaban en el bosque un caballo y su pequeño hijo, ambos gustaban de correr sin rumbo fijo, solo por el placer de sentir el cálido aire sobre sus cabezas.<br />
Padre e hijo disfrutaban mucho de estas carreras y el compartir sus conversaciones que tanto bien hacia a ambos, siempre tenían pláticas de lo más amenas y realmente existía una comunicación constante entre ellos.<br />
Una mañana, salieron como era su costumbre a correr, estaban muy felices porque era un día espléndido, cuando de repente el pequeño caballo tropezó y cayó rodando, su padre se detuvo de inmediato volviendo sobre sus pasos para ver que le había sucedido a su pequeño potrillo.<br />
Se acerco a él para averiguar si se encontraba bien, y el pequeño no lograba levantarse, muy asustado le dijo a su padre: &#8211; Siento que no podré volverme a levantar, me siento muy lastimado de una pata.<br />
- Hijo, debes levantarte, acaso ¿Te has roto algo?- Padre, le dijo el caballito, creo que no me he roto nada, sin embargo, un caballo nunca se cae y cuando lo hace, le resulta sumamente difícil levantarse.<br />
- Hijo, estás equivocado, algunos animales como nosotros caen, pero vuelven a levantarse y tu te levantarás, porque tu no tienes nada roto, tu voluntad hará que te levantes y vuelvas a caminar y a correr como siempre lo has hecho, no permitirás que tu mente te haga tomar una decisión equivocada, creyendo que porque has caído no podrás levantarte, además, yo te ayudaré a hacerlo, porque yo  precisaré de tu ayuda, cuando caiga y necesite levantarme igualmente.<br />
- Pero padre, ¿cómo podría yo ayudarte a levantar si soy tan pequeño?<br />
- Hijo no se necesita fuerza física para dar esa clase de ayuda, solo se requiere  un gran amor, esa es la clase de ayuda que necesitamos, sentirnos apoyados por nuestros seres más queridos, y yo te amo mucho y por esa razón te digo que te levantes, porque todavía tenemos muchos caminos que recorrer juntos.<br />
Y nuestro pequeño caballito, se levantó, se sacudió el polvo, empezó a caminar junto a su amado padre y pronto empezaron a correr como era su costumbre.<br />
CAERSE no es lo importante, lo importante es LEVANTARSE cuantas veces sea necesario.<br />
 <br />
Anónimo</p>
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		<title>El bambú japonés</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2009 16:02:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[paciencia]]></category>
		<category><![CDATA[perseverancia]]></category>

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		<description><![CDATA[Imaginemos por unos instantes que somos unos sencillos agricultores japoneses. Una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. Quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Imaginemos por unos instantes que somos unos sencillos agricultores japoneses. Una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. </p>
<p>Quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas! </p>
<p>Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:<br />
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.</p>
<p>Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. </p>
<p>Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece<br />
¡más de 30metros! </p>
<p>¿Tardó sólo seis semanas crecer? </p>
<p>No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.</p>
<p>Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. </p>
<p>Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. </p>
<p>Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es cierto muchas veces nos desesperamos y abadonamos sin querer creernos que lo bueno está por llegar.</p>
<p>Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. </p>
<p>De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.<br />
Y esto puede ser extremadamente frustrante. </p>
<p>En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no &#8220;ver&#8221; el resultado que esperamos-, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando. </p>
<p>Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.</p>
<p>El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.<br />
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.<br />
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.</p>
<p>Tiempo&#8230; Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos&#8230;<br />
Aprendamos a ser pacientes como quien siembra bambú japonés.</p>
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		<title>La Alegoría del Carruaje</title>
		<link>http://www.psicologia24h.es/2009/04/02/la-alegoria-del-carruaje/</link>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2009 07:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí les dejo un cuento para quienes les gusta reflexionar y sacar sus conclusiones. JORGE BUCAY La Alegoría del Carruaje Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice: —Salí a la calle que hay un regalo para vos. Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquí les dejo un cuento para quienes les gusta reflexionar y sacar sus conclusiones.</p>
<p>JORGE BUCAY<br />
La Alegoría del Carruaje </p>
<p>Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:<br />
—Salí a la calle que hay un regalo para vos.<br />
Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”. Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo&#8230; todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.<br />
Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino&#8230; y digo: “¡Qué bárbaro este regalo! Qué bien, qué lindo&#8230;” Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.<br />
Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.<br />
Me pregunto: “¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?” Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron  no sirve para nada.<br />
De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:<br />
— ¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?<br />
Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.<br />
— Le faltan los caballos —me dice antes que llegue a preguntarle.<br />
Por eso veo siempre lo mismo —pienso—, por eso me parece aburrido&#8230;<br />
— Cierto —digo yo.<br />
Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro grito:<br />
—¡¡Eaaaaa!!<br />
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.<br />
Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales.<br />
Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.<br />
Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de na-da; los caballos me arrastran a donde ellos quieren.<br />
Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso.<br />
Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.<br />
En ese momento, veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto:<br />
— ¡Qué me hizo!<br />
Me grita: — ¡Te falta el cochero!<br />
— ¡Ah! —digo yo.<br />
Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y  decido contratar a un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.<br />
Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero adónde quiero ir. Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.<br />
Yo&#8230; Yo disfruto del viaje.</p>
<p>Esta pequeña alegoría debería servirnos para entender el concepto holístico del ser.<br />
Hemos nacido, salido de nuestra “casa” y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo. Un carruaje diseñado especialmente para cada uno de nosotros. Un vehículo capaz de adaptarse a los cambios con el paso del tiempo, pero que será el mismo durante todo el viaje.<br />
A poco de nacer, nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje —el cuerpo— no serviría para nada si no tuviese caballos; ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.<br />
Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llevaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aquí es cuando aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente. Ese cochero manejará nuestro mejor tránsito.<br />
Hay que saber que cada uno de nosotros es por lo menos los tres personajes que intervienen allí.<br />
Tú eres el carruaje, eres los caballos y eres el cochero durante todo el camino, que es tu propia vida.<br />
La armonía deberás construirla con todas estas partes, cuidando de no dejar de ocuparte de ninguno de estos tres protagonistas.<br />
Dejar que tu cuerpo sea llevado sólo por tus impulsos, tus afectos o tus pasiones puede ser y es sumamente peligroso. Es decir, necesitas de tu cabeza para ejercer cierto orden en tu vida.<br />
El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos. No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque&#8230; ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería de vos si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje.<br />
Obviamente, tampoco puedes descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el trayecto. Y esto implicará reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje.<br />
Recién cuando puedo incorporar esto, cuando sé que soy mi cuerpo, mi dolor de cabeza y mi sensación de apetito, que soy mis ganas y mis deseos y mis instintos; que soy además mis reflexiones y mi mente pensante y mis experiencias&#8230; Recién en ese momento estoy en condiciones de empezar, equipado, este camino, que es el que hoy decido para mí.</p>
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		<title>Para trabajar la autoestima</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Mar 2009 10:21:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>

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		<description><![CDATA[El mejor clavel del jardín Paseaba un rey un día disfrutando de su precioso jardín. Descubrió preocupado que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. Entonces decidió indagar sobre los motivos. Preguntó al roble y este le contestó que se moría porque él no podía ser tan alto como los pinos. Sin embargo también [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El mejor clavel del jardín</p>
<p>Paseaba un rey un día disfrutando de su precioso jardín. Descubrió preocupado que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. Entonces decidió indagar sobre los motivos.</p>
<p>Preguntó al roble y este le contestó que se moría porque él no podía ser tan alto como los pinos. Sin embargo también encontró alicaído al pino y al preguntarle le dijo, que no podía dar uvas como la vid. Curiosamente la vid se secaba porque no podía florecer como las rosas, y esta a su vez, lloraba por no ser fuerte y sólida como el roble.</p>
<p>Entonces encontró un clavel floreciendo, precioso como nunca. el rey le preguntó:</p>
<p>- ¿Cómo es posible que crezcas tan saludablemente en medio de este jardín tan mustio y deprimido?<br />
El clavel le contestó:<br />
- Quizá sea porque siempre he pensado que, ya que me plantaste, querías claveles. Yo siempre me he dicho &#8220;soy un clavel, intentaré ser el mejor clavel que pueda&#8221; y aquí estoy, el más hermoso bello y feliz clavel del jardín.</p>
<p>Es curioso cuantas veces los seres humanos no somos felices por no saber amar lo que somos sino desear lo que son los demás.</p>
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		<title>El pescador y las piedras</title>
		<link>http://www.psicologia24h.es/2008/12/06/el-pescador-y-las-piedras/</link>
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		<pubDate>Sat, 06 Dec 2008 12:18:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un pescador va todas las noches hasta la playa para tirar su red; sabe que cuando el sol sale los peces vienen a la playa a comer almejas, por eso siempre coloca su red antes de que amanezca. Tiene una casita en la playa y baja muy de noche con la red al hombro. Con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un pescador va todas las noches hasta la playa para tirar su red; sabe que cuando el sol sale los peces vienen a la playa a comer almejas, por eso siempre coloca su red antes de que amanezca.<br />
Tiene una casita en la playa y baja muy de noche con la red al hombro. Con los pies descalzos y la red medio desplegada entra en el agua.<br />
Esta noche de la cual habla el cuento, cuando está entrando siente que su pie golpea contra algo muy duro en el fondo.<br />
Toquetea y ve que es algo duro, como unas piedras envueltas en una bolsa.<br />
Se enfada y piensa ‘quien es el tarado que tira estas cosas en la playa’. Y se corrige ‘en mi playa’.<br />
‘Y encima yo soy tan distraido que cada vez que entre me las voy a llevar por delante…’ Así que deja de tender la red, se agacha, coge la bolsa y la saca del agua.<br />
Está todo muy oscuro, y quizás por eso, cuando vuelve, otra vez se lleva por delante la bolsa con las piedras, ahora en la playa.<br />
Y piensa ‘soy un tonto’.<br />
Así que saca su cuchillo y abre la bolsa y tantea. Hay unas cuantas piedras del tamaño de pequeños pomelos pesados y redondeados.<br />
El pescador vuelve a pensar ‘quien será el idiota que embolsa piedras para tirarlas al agua’.<br />
Instintivamente toma una, la sopesa en sus manos y la arroja al mar.<br />
Unos segundos después siente el ruido de la piedra que se hunde a lo lejos. ¡Plup!.<br />
Entonces mete la mano otra vez y tira otra piedra. Nuevamente escucha ¡Plup!<br />
y tira para el otro lado ¡Plaf!. Y luego lanza dos a la vez y siente ¡plup-plup! Y trata de tirarlas más lejos y de espaldas y con toda su fuerza ¡Plup-plaf!<br />
Y se entretiene, escuchando los diferentes sonidos, calculando el tiempo y probando de a dos, de a una, a ojos cerrados, de a tres…tira y tira las piedras al mar.<br />
Hasta que el sol empieza a salir….<br />
El pescador palpa y toca una sola piedra adentro de la bolsa.<br />
Entonces se prepara para tirarla más lejos que las demás, porque es la última y porque el sol ya sale.<br />
Y cuando estira el brazo hacia atrás para darle fuerza al lanzamiento el sol empieza a alumbrar y él ve que en la piedra hay un brillo dorado y metálico que le llama la atención.<br />
El pescador detiene el impulso para arrojarla y la mira. La piedra refleja el sol entre el moho que la recubre.<br />
El hombre la frota como si fuera una manzana, contra su ropa, y la piedra empieza a brillar más todavía.<br />
Asombrado la toca y se da cuenta de que es metálica. Entonces empieza a frotarla y a limpiarla con arena y con su camisa,<br />
y se da cuenta de que la piedra es de oro puro. Una piedra de oro macizo del tamaño de un pomelo.<br />
Y su alegría se borra cuando piensa que esta piedra es seguramente igual a las otras que tiró.<br />
Y piensa ‘qué tonto he sido’.<br />
Tuvo entre sus manos una bolsa llena de piedras de oro y las fue tirando fascinado por el sonido estúpido de las piedras al entrar al agua.<br />
Y empieza a lamentarse y a llorar y a dolerse por las piedras perdidas y piensa que es un desgraciado, que es un pobre tipo, que es un tarado, un idiota…<br />
Y empieza a pensar si entrara y se consiguiera un traje de buzo y si fuera por abajo del mar, si fuera de día, si trajera un equipo de buzos para buscarlas, y llora más todavía mientras se lamenta a los gritos…<br />
El sol termina de salir.<br />
Y él se da cuenta de que todavía tiene la piedra, se da cuenta de que el sol podría haber tardado un segundo más o él podría haber tirado la piedra más rápido, de que podría no haberse enterado nunca del tesoro que tiene entre sus manos.<br />
Se da cuenta finalmente de que tiene un tesoro, y de que este tesoro es en sí mismo una fortuna enorme para un pescador como él.<br />
Y se da cuenta de la suerte que significa poder tener el tesoro que todavía tiene.<br />
‘Ojalá podamos ser sabios para no llorar por aquellas piedras que quizás desprevenidamente desperdiciamos, por aquellas cosas que el mar se llevó y tapó y podamos, de verdad, prepararnos para ver el brillo de las piedras que tenemos y disfrutar en el presente eterno de cada una de ellas…’</p>
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		<title>Rana de pozo</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Dec 2008 11:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy quiero empezar el mes de Diciembre con este cuento que he encontrado. Es un pequeño regalo para los soñadores y aquellos que viven con la esperanza de que se puede hacer cambiar nuestro mañana. &#8220;En un pozo profundo vivía una colonia de ranas, allí llevaban su vida, tenían sus costumbres, encontraban su alimento y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy quiero empezar el mes de Diciembre con este cuento que he encontrado. Es un pequeño regalo para los soñadores y aquellos que viven con la esperanza de que se puede hacer cambiar nuestro mañana.</p>
<p>&#8220;En un pozo profundo vivía una colonia de ranas, allí llevaban su vida, tenían sus costumbres, encontraban su alimento y croaban a gusto haciendo resonar las paredes del pozo en toda su profundidad.<br />
Protegidas por su mismo aislamiento, vivían en paz y sólo tenían que guardarse del cubo que, de vez en cuando, alguien echaba desde arriba para sacar agua del pozo. Daban la alarma en cuanto oían el ruido de la polea, se sumergían bajo el agua o se apretaban contra la pared, allí esperaban conteniendo la respiración hasta que el cubo, lleno de agua, era izado otra vez y pasaba el peligro.<br />
Fue a una rana joven a quien se le ocurrió pensar que el cubo podía ser una oportunidad en vez de un peligro.<br />
Allá arriba se veía algo así como una claraboya abierta, que cambiaba de aspecto según fuera de día o de noche, y en la que aparecían sombras y luces, formas y colores, que hacían presentir que allí había algo nuevo y digno de conocerse, y, sobre todo, estaba el rostro con trenzas de aquella figura bella y fugaz que aparecía por un momento sobre el brocal del pozo al arrojar el cubo y recobrarlo todos los días en su cita sagrada y temida. Había que conocer todo aquello.<br />
La rana joven dijo lo que pensaba y todas las demás se le echaron encima:<br />
&#8220;Eso nunca se ha hecho. Sería la destrucción de nuestra especie. El cielo nos castigará. Te perderás para siempre. Nosotras hemos sido hechas para estar aquí, y aquí es donde estamos bien y podemos ser felices. Fuera del pozo no hay más que destrucción. Que nadie se atreva a violar las sabias leyes de nuestros antepasados. ¿Es que una rana jovenzuela de hoy puede saber más que ellos?&#8221;</p>
<p>La rana joven esperó pacientemente la próxima bajada del cubo, se colocó estratégicamente, dio un salto en el momento en que el cubo comenzaba a ser izado y subió en él ante el asombro y horror de la comunidad batracia.<br />
El consejo de ancianos excomulgó a la rana prófuga y prohibió que se hablara de ella, había que salvaguardar la seguridad del pozo.<br />
Pasaron los meses sin que nadie hablara de ella y nadie, tampoco, pudiera olvidarla, cuando un buen día se oyó un croar familiar sobre el brocal, se agruparon abajo las curiosas y vieron recortada contra el cielo, en el borde del pozo, la conocida silueta de la rana aventurera, a su lado apareció la silueta de otra rana, y a su alrededor se agruparon siete pequeños renacuajos. Todas miraban sin atreverse a decir nada, cuando la rana joven habló:<br />
&#8220;Aquí arriba se está maravillosamente. Hay agua que se mueve, no como allá abajo, hay unas fibras verdes y suaves que salen del suelo y entre las que da gusto moverse, y hay muchos bichos pequeños muy sabrosos y variados, y cada día se puede comer algo diferente. Y luego, hay muchas ranas de muchos tipos distintos, y son muy buenas, yo me he casado con ésta que está aquí a mi lado, y tenemos siete hijos y somos muy felices, y aquí hay sitio para todas porque esto es muy grande y nunca se acaba de ver lo que hay allá lejos&#8230;&#8221;</p>
<p>Desde abajo, las fuerzas del orden advirtieron a la rana que, si bajaba, sería ejecutada por alta traición, ella dijo que no pensaba bajar, y que les deseaba a todas que lo pasaran bien, y se marchó con su compañera y los siete renacuajos.<br />
Abajo en el pozo hubo mucho revuelo, y hubo algunas ranas que quisieron comentar la propuesta, pero las autoridades las acallaron enseguida; y la vida volvió a la normalidad de siempre en el fondo del pozo.<br />
Al día siguiente, por la mañana, la niña de trenzas rubias se quedó asombrada cuando, al sacar el cubo con agua del pozo, vio que estaba lleno de ranas.<br />
Reflexión:<br />
En sánscrito (idioma hindú antiguo) hay una palabra compuesta para designar a una persona estrecha de miras que se conforma con oír lo que siempre ha oído y hacer lo que siempre ha hecho, lo que hace todo el mundo y lo que, según parece, han de hacer todos los quieran seguir una vida tranquila y segura. La palabra es kupmanduck (rana de pozo), y ha pasado del sánscrito a las lenguas hindúes modernas, en la que se usa con el mismo sentido.<br />
Aun así, el mundo está lleno de pozos, y los pozos llenos de ranas, y niñas con trenzas rubias siguen llevándose sustos de vez en cuando por la mañana.&#8221;</p>
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		<title>La vasija agrietada.</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Nov 2008 11:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[imperfección]]></category>

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		<description><![CDATA[Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.<br />
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.<br />
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: -&#8221;Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.&#8221;<br />
El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: -&#8221;Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.&#8221; Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.<br />
El aguador le dijo entonces -&#8221;Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?. Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.&#8221;<br />
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados. Uno no deja de reír por hacerse viejo, se hace uno viejo por dejar de reír.</p>
<p>Cuento popular</p>
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		<title>Las ranitas en la nata</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Oct 2008 09:56:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[desesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[hundirse]]></category>
		<category><![CDATA[no puedo mas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy domingo tan sólo un pequeño cuento popular para reflexionar. &#8220;Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en aquella masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata intentando alcanzar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy domingo tan sólo un pequeño cuento popular para reflexionar.</p>
<p>&#8220;Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.</p>
<p>Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en aquella masa espesa como arenas movedizas.</p>
<p>Al principio, las dos ranas patalearon en la nata intentando alcanzar el borde del recipiente. Pero era inútil. Sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. A medida que sus fuerzas se agotaban, sentían que era más difícil subir a la superficie y respirar. La desesperanza iba haciendo mella en las dos ranitas.</p>
<p>Una de ellas dijo en voz alta:</p>
<p>-    No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. No lo conseguiremos.<br />
-    No te rindas, sólo nada despacito – le contestó la otra ranita.<br />
-     Ya que voy a morir, no veo porqué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.</p>
<p>Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.</p>
<p>La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo:<br />
- Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.</p>
<p>Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.</p>
<p>Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí pudo regresar a casa croando alegremente.&#8221;</p>
<p>Quizá a veces nos empeñamos en saltar del tazón de leche en vez de esperar que espese y se convierta en mantequilla.</p>
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