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Somos lo que pensamos

Imaginemos un día cualquiera. Aún nos nos hemos levantado de la cama pero ya notamos cierta ansiedad y pocas ganas de salir de la cama y enfrentarnos a un nuevo día de trabajo.

¿Qué está pasando por nuestra cabeza en esos momentos? Pensamientos del tipo “otra vez me encontraré con un atasco horroroso”, “tardaré casi media hora en encontrar aparcamiento”, “el mal rollo de la empresa no tiene solución”, “otra reunión más para no solucionar nada”…¿qué hay de extraño en todo esto? Pues que ningún pensamiento es positivo, alentador, o esperanzador.

Con este tipo de ideas dando vueltas y repitiéndose cada día en nuestro cerebro no se puede ser optimista, confiado, no tenemos energía. Es como si hubiésemos dejado entrar una manzana podrida en nuestro cesto, poco a poco toda las demás se irán pudriendo también.

Si anticipamos que se repetirán situaciones desagradables de días anteriores, que sólo nos encontraremos con un montón de problemas por resolver y con las malas caras de los compañeros…lo más normal es que ya empecemos a sentir ansiedad o un alto nivel de estrés. Y habremos reducido en un porcentaje muy alto nuestra capacidad de trabajo efectivo.

Es necesario practicar día a día y de manera constante dos cosas:
Primero cortar de raíz nuestros pensamientos negativos y los de las personas que nos rodean, son la mala hierba que impedirá crecer flores en el jardín. Hay que hacer un esfuerzo por cambiarlos con otros positivos y más realistas.
Por ejemplo “ hoy me encontraré con otro montón de problemas por resolver”, se puede cambiar por “cada día consigo dar salida o solución a las situaciones que se presentan”. “Nadie aprecia el trabajo que hago”, se podría cambiar por “mi trabajo repercute cada día en el bienestar de muchas personas”.
El segundo punto importante es buscar unos momentos de relax. Depende del tipo de trabajo que realicemos pero aunque sólo podamos desconectar unos minutos nos será de gran valor. Ese tiempo precioso lo dedicaremos a desconectar y practicar algún tipo de relajación y/o visualización positiva. De verdad que los beneficios nos recompensarán.

Cambiar nuestros pensamientos negativos por positivos nos puede generar confianza, alegría, serenidad y eso nos ayudará a sentir menos ansiedad y estrés.

¿Empezamos el año con un cuento?

“Érase una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era una buena persona, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades.
Había días en que se levantaba optimista, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos. Esos eran días en que el rey bajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.
Eran grandes días en los que se sentía capaz de grandes proyectos y confiaba en sí mismo.
Sin embargo, había también días pesimistas…
Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.
Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aún más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. No lo apetecía recibir a nadie. No confiaba en sí mismo ni en el futuro.
Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores…
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO.
Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera. Necesito de ustedes, señores, que trabajen juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey. Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso.
Esa noche el rey lloró. A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia…
Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio.
Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.
El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo…
Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:
Debes saber que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.”
 ¿Quién no se ha sentido alguna vez como nuestro buen rey?
Es curioso, sobre todo, durante y después de tanta fiesta y tanta celebración, a veces nos levantamos sin reconocernos a nosotros mismos.
Quizá nos ayude el recuerdo de este cuento para los altibajos emocionales de esta cuesta de enero.
ESTO TAMBIÉN PASARÁ
Feliz 2010 a todos.
Psicología 24 horas

Aprender a ser feliz, aquí y ahora.

Nuestra propuesta para este fin de semana parece algo sencillo, pero quizá no lo sea tanto.
Hay que intentar disfrutar al máximo de cada momento, concentrar nuestra atención en el momento presente, sin dejarla escapar al pasado ni al futuro.
Como nos enseña la filosofía budista el aumento del estrés y la ansiedad en los días que vivimos se deben principalmente a que estamos descentrados. Nos sentimos amenazados frecuentemente porque nos enganchamos con cosas del pasado que ya no tienen solución o tememos cosas futuras. Pretendemos tenerlo todo bajo control y eso nos exige unos niveles de atención y concentración que no se pueden mantener eternamente.
Es necesario hacer un esfuerzo por no preocuparnos sino ocuparnos, lo que significa hacer lo que tengamos que hacer cuando llegue el momento, sin permitir que nuestra mente viva en un futuro recreado, perdiéndose el presente.
La mejor manera de sentir nuestra energía y vitalidad es no dispersarnos y vivir aquí y ahora.
Por eso este fin de semana Psicología 24 horas le propone:
Tomar la riendas de su vida.
Disfrutar de cada cosa que haga como si fuese lo único que existiese en el mundo. Si estamos en el parque con los niños, eso es lo único que debe acaparar nuestra atención, si le dedicamos un ratito a nuestras plantas son ellas las únicas que deben “ocuparnos”.
No pensar en lo que tendremos que hacer esta semana. Aún es fin de semana ;-)
No tener nada que hacer no es pecado, se puede disfrutar de la inactividad y así recargar las pilas.

Listado de trastornos infantiles

Incluyo  aquí  este pequeño listado de algunos de los trastornos más frecuentes en infancia y adolescencia. Si tienen la sospecha de que su hijo o hija puede estar padeciendo un trastorno cuanto antes se identifique antes se le podrá ayudar.

No dude en consultarnos en el teléfono de Psicología 24 horas 807 505 766

Retraso mental: Se habla de retraso mental cuando la capacidad intelectual es inferior al promedio. Si la media de la población sería un CI de 100, por debajo de 70.
El niño o la niña tendrá déficit de comunicación personal, vida doméstica, habilidades sociales/interpersonales, utilización de los recursos comunitarios, autocontrol, habilidades académicas funcionales, salud, ocio y seguridad.

Dislexia o trastorno de la lectura:Es una dificultad para la lectura, medida con pruebas. Está por debajo de lo esperado según su edad cronológica, su cociente de inteligencia y la escolaridad propia de su edad. Lo podemos detectar porque les cuesta más trabajo aprender a leer, invierten sílabas cambian unas por otras o porque no entienden nada de lo que han leído.

Discalculia o trastorno del cálculo:Es un dificultad para el cálculo, medida con pruebas. Está por debajo de lo esperado según su edad cronológica, su cociente de inteligencia y la escolaridad propia de su edad.

Disgrafía o trastorno de la expresión escrita:Dificultad que radica en las habilidades para escribir, medida con pruebas. Está por debajo de lo esperado según su edad cronológica, su cociente de inteligencia y la escolaridad propia de su edad.

Autismo:
Es un síndrome complejo que conlleva alteraciones de la interacción social, de la comunicación y del comportamiento.
En la interacción social se observan algunas de las siguientes características:
- Alteración del contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos.
- Incapacidad para desarrollar relaciones adecuadas a su edad y nivel de desarrollo.
- Ausencia de tendencia espontánea para compartir con otras personas intereses y objetivos.
- Falta de reciprocidad social o emocional.

En cuanto a alteraciones en la comunicación puede haber retraso o ausencia total de desarrollo del lenguaje oral. Si tiene un habla adecuada puede estar alterada la capacidad para iniciar o mantener una conversación. Puede presentar conductas estereotipadas y repetitivas del lenguaje oral.

En su comportamiento se pueden observar patrones estereotipados, rutinas o rituales específicos, manierismos motores (como sacudir o girar las manos) y una preocupación persistente por partes de objetos.

Para diagnosticar un autismo se debe observar retraso o funcionamiento anormal, antes de los tres años de edad, en la interacción social, en el lenguaje utilizado en la comunicación social o en el juego simbólico imaginativo.

Trastorno de Rett: Es una trastorno que afecta exclusivamente a niñas, cuyo desarrollo prenatal y perinatal parece normal al igual que el desarrollo psicomotor hasta los cinco meses. Circunferencia craneal normal en el nacimiento.
Después de los cinco meses comienza una desaceleración del crecimiento craneal. Pérdida de habilidades manuales, de implicación social, mala coordinación de la marcha o de los movimientos del tronco. Desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo gravemente afectado.

Trastorno desintegrativo infantil:Aparente desarrollo normal los dos primeros años. A partir de entonces se muestra una pérdida de las capacidades adquiridas en cuanto a lenguaje expresivo o receptivo, habilidades sociales o comportamiento adaptativo, control intestinal o vesical, juego y habilidades motoras. Además habrá anormalidades en cuanto a la interacción social la comunicación y el patrón de comportamiento.

Trastorno de Asperger: Alteración cualitativa de la interacción social:
- alteración de comportamientos no verbales como contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social.
Se parece mucho al autismo pero en el Asperger no se observa retraso en el lenguaje ni en el desarrollo cognoscitivo.

Déficit de atención: El niño o la niña no prestan atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares o en otras actividades. Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas, parece no escuchar cuando se le habla directamente, no sigue instrucciones, no finaliza las tareas o encargos u obligaciones en casa. Tiene dificultades para organizarse y evita dedicarse a tareas que requieran un esfuerzo mental sostenido.

¿A qué se llama hiperactividad?: Son una serie de comportamientos que se llevan observando durante más de seis meses:
- Mueve en exceso manos y pies o se mueve en su asiento.
- Abandona su asiento en situaciones que se requiere estar sentad@.
- Corre o salta excesivamente en situaciones que es inadecuado hacerlo.
- Dificultades para jugar o dedicarse a situaciones de ocio.
- A menudo “está en marcha” es como si tuviese un motor.
- Habla en exceso.

Impulsividad: Precipita las respuestas antes de haber sido completadas las preguntas, dificultad para guardar un turno, interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros.

Trastorno disocial de la personalidad: Se trata de un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de las demás personas, las normas sociales propias de la edad.
Son varios los criterios que podemos observar en un niño o niña con trastorno disocial:
- Agresiones a personas o animales: Fanfarronea, amenaza o intimida a otros. Inicia peleas físicas, ha utilizado algún arma que puede causar daño. Manifiesta crueldad física con personas y/o animales. Ha robado enfrentándose a la víctima. Ha forzado a alguien a una actividad sexual.
- Destrucción de la propiedad: ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves o ha destruido propiedades de otras personas.
- Fraudulencia o robo: ha violentado la casa o el automóvil de otra persona. Miente a menudo para obtener bienes o favores de otras personas (tima a la gente). A robado objetos de valor sin enfrentarse con la víctima.
- Violaciones graves de las normas: permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, se ha escapado de casa o del hogar sustitutivo. Hace novillos en la escuela.

Trastorno negativista desafiante: Se trata de un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante, que dura al menos seis meses con los siguientes comportamientos:
- Se encoleriza e incurre en pataletas.
- Discute con los adultos, los desafía y se niega a cumplir sus obligaciones.
- Acusa a otros de sus errores o mal comportamiento.
- Molesta deliberadamente a otras personas y es susceptible o fácilmente molestado por otros.
- Es colérico, resentido, rencoroso y vengativo.

¿Qué es la Pica?: Es la ingestión de sustancias no nutritivas, inapropiadas para la edad y el nivel de desarrollo del niño o la niña. Por ejemplo tierra.

Rumiación o mericismo:Es un trastorno que se manifiesta por regurgitaciones repetidas sin náuseas o enfermedad gastrointestinal asociada. Conlleva una pérdida de peso o la incapacidad para alcanzar el peso normal.

Trastorno de la ingestión alimentaria: Es una dificultad para comer normalmente con incapacidad significativa para aumentar de peso o con pérdidas significativas y que se mantiene por lo menos un mes. No se debe a una enfermedad gastrointestinal. Ocurre antes de los seis años de edad.

Tics: Son movimientos súbitos, no rítmicos, rápidos, recurrentes y estereotipados. Pueden ser tanto motores como vocálicos. Para que se considere un trastorno deben aparecer varias veces al día durante un periodo de más de un año.

Encopresis: Es un trastorno de la eliminación. Consiste en la evacuación repetida de heces en lugares inadecuados (ropa, suelo) ya sea involuntaria o intencionadamente. Se diagnostica en niños o niñas mayores de cuatro años cuando el problema se ha repetido con una frecuencia de por lo menos una vez al mes durante tres meses.

Enuresis:Trastorno de la eliminación que consiste en la emisión repetida de orina en la cama o en las ropas, sea involuntaria o intencionada. Se deben dar, para un diagnóstico al menos dos episodios semanales durante tres meses, en niños o niñas mayores de cinco años que ya habían controlado la micción.

Ansiedad por separación: Es una ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del sujeto que tiene que ver con la separación de su hogar o de las personas vinculadas a él. Se ponen de manifiesto algunos de los siguientes síntomas:
- Malestar excesivo cuando ocurre o anticipa una separación del hogar o de los familiares.
- Preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las principales figuras vinculadas al niño o la niña, miedo a que sufran algún daño.
- Preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de acontecimiento negativo que le haga separarse de sus familiares o personas vinculadas (por ejemplo perderse o ser secuestrad@)
- Resistencia persistente a ir a la escuela o a cualquier otro sitio por miedo a la separación.
- Miedo excesivo a estar en casa sol@ sin las principales figuras vinculadas.
- Resistencia a irse a dormir sin tener cerca una figura vinculada o a dormir fuera de casa.
- Pesadillas repetidas con temática de separación.
- Quejas repetidas de síntomas físicos (dolor de cabeza, abdominal, náuseas o vómitos) cuando anticipa una separación.

Mutismo selectivo: Incapacidad persistente a hablar en situaciones sociales específicas (como en la escuela o ante desconocidos) a pesar de hacerlo en otras situaciones. Debe darse durante al menos un mes y no ser debida a falta de conocimiento o de fluidez del lenguaje.

Trastorno reactivo de la vinculación en la infancia o la niñez: Es un trastorno que se manifiesta en lo alterado e inadecuado de las relaciones sociales, para el nivel de desarrollo del niñ@ y que se inicia antes de los cinco años.
Se manifiesta por una incapacidad para iniciar relaciones sociales o responder a ellas de modo adecuado. Respuestas inhibidas, hipervigilantes, ambivalentes y contradictorias. Vínculos difusos, sociabilidad indiscriminada familiaridad con extraños y falta de selectividad en la elección de las figuras de vinculación.

La pérdida de una mascota

Para la mayoría de las personas que tienen mascota, perro, gato, pájaro, esta se acaba convirtiendo en un miembro más de la familia. Por ello su muerte suele provocar trastornos del estado de ánimo, cuya gravedad dependerá de la edad del animal, del tiempo que se haya convivido con él, la edad de la persona y la relación que tuviesen. Son especialmente vulnerables los ancianos que viven solos y los niños.
Niños y niñas pueden no entender lo que ocurre, para ellos se ha roto parte de su familia. Kowalski aconseja a los padres y familiares que le respondan con información concreta, evitando eufemismos del tipo “se ha quedado dormido” y exponerle los hechos reales: el animal ya no puede ver, ni oír, ni correr. Si se opta por informar al niño de que ha enfermado y ha muerto, es muy importante precisar que enfermar no siempre conduce a la muerte, para evitar que, ante el menor resfriado, gripe o infección, los pequeños tengan miedo. Como hasta los seis años, no tienen clara la idea de muerte se les puede contar que “el perro era mayor y ahora estará mejor y que descansará”. De los seis y nueve años ya van adquiriendo la conciencia de la muerte y se les puede explicar lo que ha ocurrido. Es importante no infundirles miedo, recalcar que el animal era mayor y que esto no tiene por qué ocurrirles a ellos. Otro aspecto crucial es evitar que se sientan culpables.
Últimamente muchas familias solicitan a su veterinario estar presente cuando practique la eutanasia a la mascota para acompañarla y que no se sienta sola. Esto es beneficioso tanto para animales como para sus dueños. Se debe ayudar a niños y niñas a expresar sus sentimientos. Para que superen el duelo se puede escribir una carta de despedida, cada uno o participando todos los miembros de la familia.  Este ejercicio ayuda a expresar sentimientos de tristeza, rabia en el periodo del duelo. También se puede escribir con ellos un epitafio o poema de despedida y colocándolo sobre la tumba del animal, buscando y decorando entre toda la familia un rincón especial que sirva para su eterno descanso e, incluso, celebrando una pequeña ceremonia íntima. No hay que olvidar que los ritos funerarios nos ayudan a despedirnos.

A los ancianos además esta pérdida puede traerles recuerdos de otros fallecimientos de seres queridos y será muy importante vigilar que no caigan en una depresión.

Hay veces que se recurre a una nueva mascota para sobreponerse a la pérdida, es una buena idea siempre que se respete el período de duelo, sino podríamos encontrarnos que el nuevo animal es rechazado injustamente.

Nuestra querida y recordada Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra y autora de diversos libros sobre el proceso de morir hablaba de cinco fases en el proceso de duelo: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.
La primera fase, de negación, es una etapa de incredulidad. No queremos creernos que nuestra mascota ha fallecido e incluso creemos oirla llegar a casa y la sentimos a nuestro lado.
En fase de la ira el sentimiento es de rabia y frustración por la pérdida.
En la tercera fase, o de negociación, la ira se va disipando a la vez que se va afrontando lo sucedido.
En la cuarta fase o de depresión -que también se puede experimentar desde las anteriores fases de la ira y la negociación- se siente la pena por la separación del ser querido.
Y en la quinta, o de aceptación, se acepta la pérdida y se recobra la esperanza en la vida.
Aunque no existe un periodo de duelo estipulado más o menos a los dos meses si no existe mejora se debería buscar ayuda psicológica.

Consejos para ayudar a alguien que está viviendo un duelo

Muchas veces me han preguntado qué se puede hacer para ayudar a un familiar o un amigo que está pasando por un duelo, ya sea la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental o un divorcio.
Es tan sencillo, o tan complicado (según se mire), como estar ahí y dejar que ocurra, escucharle, darle soporte, encargarnos de cosas que él o ella ahora mismo no puede, del papeleo, de los niños si los hay.
Una creencia falsa muy extendida es el “no llores”, al doliente le es necesario sacar todo su dolor fuera y para eso necesita llorar y sólo él o ella saben cuánto tiempo.
Sobretodo es muy importante huir de las frases hechas y los convencionalismos como “sé cómo te sientes”, “tienes que ser fuerte”, “así es la vida”,”dios lo quiso así” étc.
Decida hasta donde puede emocionalmente, no se exija  más. Si no puede soportar la expresión de la pena no tiene porqué quedarse hasta el final.

No busque justificaciones ni porqués a lo ocurrido, normalmente no estarán a nuestro alcance.
No se empeñe en animarle, sólo necesita que le escuche.
No le quite importancia a lo ocurrido, ni le hables de lo que le queda por vivir, ahora mismo eso carece totalmente de interés.
No intente hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida, no sabrá encajarlo, no es el momento.

Hay cuatro cosas principalmente en las que podemos ayudar; aceptar la pérdida, expresar el dolor, reubicarse en la vida sin esa persona, despedirse.
El mejor camino para curar la herida de una pérdida es sentir y expresar lo que se siente, dolor, miedo, rabia, tristeza. No hay nada que deba hacer ni decir cuando llora; sólo permanecer cerca que note su afecto, apoyo y comprensión. Si usted se emociona y llora también no pasa nada, eso sólo demuestra que le afecta el sufrimiento de esa persona.
Si quiere hablarle del difunto o de esa pareja que ya no está, déjelo, lo necesita. Se puede compartir recuerdos, anécdotas, fotografías.

Cuando se trata de un duelo por muerte nuestra sociedad cuenta con una serie de ritos funerarios que nos ayudan a ir asimilando lo  ocurrido pero cuando se trata de una separación o ruptura sentimental no hay ritos de despedida. En ocasiones es bueno crear esos ritos para ayudar a esa persona a pasar su duelo.

Una idea muy utilizada es escribir una carta de despedida, que puede entregarse o no. será importante que no se utilice para hacer reproches sino para decir qué ha significado esa relación, qué se ha aprendido, qué será lo que recordemos con más cariño…
Se puede establecer una metáfora enterrando una fotografía de la expareja, esto ayuda a algunas personas a entender que todo terminó.

Por último, si creemos que ha pasado un tiempo considerable y no notamos cambios en la persona doliente, no la vemos salir del duelo, será recomendable que reciba ayuda psicológica por si se ha quedado enganchada en alguna de las fases normales del duelo y necesita ayuda profesional para salir adelante.

Cómo nos castiga la culpa

En un archivo del 24 de Octubre ya hablamos sobre la culpa. A petición como siempre de nuestro usuarios ampliamos la información con este artículo.
La culpa es una emoción peligrosa si no se sabe manejar correctamente, puede conducirnos al bloqueo y al encierro en nosotros mismos. Puede llevarnos a un castigo continuo porque está conectada con nuestro instinto o pulsión de muerte.
Puede arrastrarnos a la pasividad, dejarnos indefensos y hacer que otras personas puedan manejarnos a su antojo. La culpa es la emoción de las personas que buscan que las quieran a pesar de todo, de las que tienen miedo a ser abandonadas
Es una emoción tan dañina que hace tambalearse nuestra autoestima, nuestro amor incondicional a nosotros mismos. Si nos falla la creencia en nuestra valía personal tampoco nos sentiremos dignos del amor de los demás. Finalmente nos olvidaremos de quienes queremos ser para convertirnos en quien los demás quieren que seamos. Más tarde llegan la agresividad y el autoreproche, porque esta manera de estar en el mundo tampoco nos satisface.
Hay señales que nos avisan de que la culpa está ahí:
Señales físicas (presión en el pecho, dolor de estómago, de cabeza, de espalda)
Señales emocionales (nerviosismo, desasosiego, agresividad, irascibilidad)
Señales mentales (pensamientos que se repiten y autorreproches)

Este sentimiento como todos, está afectado por nuestro entramado de pensamientos, por nuestra manera de interpretar los acontecimientos. Habría distintas maneras de reaccionar:
contra nosotros: nos sentimos culpables exclusivos de todo lo ocurrido.
contra los demás: culpabilizamos de todo, inclusive de nuestros males, a los demás, como forma de no ser responsables de lo sucedido.
Impunitivamente: pensamos que nadie tiene la culpa de nada, que son las circunstancias sin más. Esta forma de razonar puede tener de bueno el conseguir descargar el agobio y no hacer más penosa la situación, aunque se puede caer en la simplificación y la irresponsabilidad.
Es importante para nuestra salud la congruencia, que exista concordancia entre lo que pensamos y nuestras acciones. Con ello conseguiremos que no nos amenace la culpa. Esto no quiere decir que si pensamos que algo no lo hicimos bien no se pueda rectificar, sino que no hay que mortificarse constantemente por ello.
Una manera de sacar algo positivo de este sentimiento es reflexionar. Ser conscientes del conflicto y, a partir de ahí, pensar en soluciones y dar los pasos oportunos que restablezcan nuestro vivir coherente.

Son personas propensas a tener sentimiento de culpa las que tienen un pensamiento rígido, negativo y perfeccionista. Las personas que están pasando por circunstancias especiales, en las que hay que tener en cuenta nuestras necesidades del momento y las circunstancias especiales en las que no podemos tener todo el control.

La familia…bien, gracias.

La relación con la familia, la propia y la política, no siempre es fácil. Es como los engranajes de un gran reloj, si todo encaja, girará a la perfección y sin problemas, pero si alguna pieza falla habrá que hacer reajustes. A veces las reuniones familiares se ven como un campo de batalla donde dos grandes ejércitos, las familias de origen de los cónyuges, luchan por imponer su criterio.
Los conflictos familiares ponen a prueba la relación de la pareja. Si de verdad queremos superarlo tenemos que olvidar el quién tiene la razón, habrá que aprender a ceder y a alcanzar acuerdos.
Si nos agobian diciéndonos siempre lo que debemos hacer, lo mejor es actuar de forma relajada, aprovechar el momento para agradecer la preocupación y tranquilizarles diciendo que les pediremos consejo y ayuda en caso de necesitarlo. Hay que decir las cosas de manera tranquila y sosegada, sin sarcasmos ni ironía. Muchas veces hace más daño el tono que las palabras que pronunciamos.
Si son de los que exigen pasar más tiempo con nosotros, será importante hablar con ellos, establecer límites. Explicarles que necesitamos organizar nuestro tiempo y que no siempre podrán decidir ellos cuándo y cómo.
Si nos percatamos de que se está cayendo en una relación de lucha de poder, hay que evitar poner a la pareja en contra de su familia. Es más eficaz aceptar que son un poco posesivos, ya que los padres se sienten en la obligación de seguir cuidando al hijo. Normalmente son parejas que no tienen buena relación entre ellos e intentan suplirlo con el cariño de los hijos.
La pareja ha de afrontar los problemas con las familias de origen de  forma conjunta y solidaria, buscando soluciones, evitando comparaciones con nuestra propia familia. Tampoco es bueno estar siempre dándole vueltas al tema.
En ocasiones de malestar o tensiones será necesario negociar y alcanzar acuerdos. Establecer normas explícitas con las que ambos miembros se sientan conformes. Para que dichos acuerdos sean sólidos, válidos y armoniosos para la pareja, es necesario negociar qué tipo de relaciones se quieren establecer con ambas familias, la propia y la política. Recuerda que una decisión será tan legítima como otra (tener poco o mucho contacto), siempre y cuando sea compatible con el amor y el respeto a la pareja y se asuma de forma consensuada por ambos.
Un error en el que se puede caer con facilidad es sobrevalorar a la propia familia e infravalorar a la de la pareja. Valorar humanamente a los padres, reconocer sus aspectos positivos y sus limitaciones permitirá tomarlos como modelos en aquellos factores satisfactorios y desechar los que no se deseen. Es importante ser flexibles y justos, todas las familias tienen aspectos positivos y negativos.
No podemos considerar que lo que nosotros, pensamos o hacemos es lo normal. No sirve de nada  comparar a tu familia con la de tu pareja; ninguna es mejor que la otra. Intenta comprender y respetar las costumbres, educación y estilo de vida de tu familia política porque así estarás respetando las raíces de tu pareja. Además, esto te ayudará a comprenderlo y a que la convivencia mejore.
Hay que aprender a decir NO sin enfados ni culpa, poner nuestros propios límites. Conviene que cada miembro hable con su familia de origen y aclare que la pareja valora su opinión pero que hay temas en los que no deben ni desean que se involucren, que la pareja se concede prioridad recíproca y que es independiente. Es imposible ser neutral entre nuestra pareja y nuestra familia, sólo conseguiremos sentirnos en un pequeño bote en medio de una tempestad en el océano. No conviene ceder siempre a sus presiones porque, si lo haces, aprenderán que pueden actuar de esta manera con vosotros.
Si alguna actitud de tu familia política te molesta o incomoda, habla con tu pareja antes de crear un conflicto. Procura que sea el otro quien trate de comunicar a su familia la necesidad de que cambien determinadas actitudes o comportamientos con respecto a ti. De este modo no generarás tensiones innecesarias. Si existe demasiada tensión, hay que evitar un conflicto. Será preferible mantener cierta distancia a estar siempre quejándonos de como nos tratan. Sólo conseguiremos hacer sentir a nuestra pareja entre la espada y la pared.
Se trata de buscar un término medio entre los reproches y el resentimiento constante y la obligación de simpatizar con alguien que no nos cae bien. No hay que ignorar nuestros sentimientos sino evitar ir acumulando rabia y rencores.
Intenta tratarlos como te gustaría que tu pareja tratase a tu familia. Si no es posible una relación armoniosa, al menos intenta conceder al otro la libertad para que organice la relación que desea tener con su familia. Una buena solución es acordar las visitas que se quieren hacer en pareja y que luego él o ella vaya cuando quiera. No es necesario acompañar a nuestra pareja en todas las visitas, es mejor darle libertad. Evita imponer tus normas y someterle a mayor presión. Recuerda que la relación que tiene tu pareja con su familia no tiene que ser como la que tienes tú con la tuya.
Aún suponiendo que estamos dispuestos a esforzarnos siempre nos podemos encontrar en situaciones comprometidas que no podemos evitar.  Por ejemplo si hay algún miembro de la familia que te hace sentir especialmente mal. Muéstrate seguro, si es una persona manipuladora o agresiva se centrará en tu baja autoestima e inseguridad para enfrentarse a ti, por lo tanto, fomenta la autovaloración personal. No dejes que nadie te haga sentir menos.
Como dice Terrence Real “Mantener una buena relación con los demás exige mantener una buena relación contigo mismo”
Piensa que tu pareja es un aliado no tu enemigo.

A mi Rey Mago favorito ;-)

Ya sé que a nadie le apetece reflexionar con todo lleno de dulces, luces, villancicos y anuncios de juguetes…

Pero quien no ha pensado alguna Navidad que cambiaría todo lo que tiene por volver a una de aquellas navidades de cuando era pequeño, con los hermanos y hermanas, tíos, tías, abuelos, abuela, primos y primas… toda la familia reunida, bandejas de turrón de chocolate y mazapanes, guirnaldas y un precioso Belén que ocupaba medio salón.

Aquella Navidad que todos recordamos con tanto cariño era especial por que sentíamos que el mundo podía cambiar, que era cierto que podíamos dejar las penas en el año que terminaba y comenzar el Año Nuevo con buenos propósitos, creíamos con ilusión que nuestro rey mago favorito nos conseguiría aquel juguete tan caro.

Teníamos ilusión, esperanza, nos maravillaba ver con ojos de niño las calles iluminadas y escuchar villancicos en todas las tiendas…a lo mejor, sólo a lo mejor también nos encantaba ver que todas las personas sonreían más y tenían tiempo para llevar a sus hijos e hijas a ver belenes y como no, a entregar la carta a los mensajeros de sus Majestades los Reyes Magos.

En esos días éramos felices, éramos OPTIMISTAS…

¡Qué palabra! Op-ti-mis-tas

Quizá sea eso lo que necesitamos, lo que están pidiendo a gritos nuestro niños interiores, que volvamos a ser optimistas, a creer con ilusión que las cosas mejoraran en el futuro.

Se me ocurre que para eso hay que sembrar un poco de aquella Navidad infantil en cada mes del Año Nuevo: dedicar tiempo a pasear admirando la belleza de nuestra ciudad, asignar días especiales para estar con la familia y con amigos y amigas. Incluso podemos escribir un pequeño cuaderno con nuestro mejores deseos, con la carta que pediríamos cada mes a nuestro rey mago favorito.

Síndrome del desempleado

Me parece interesante dedicar hoy este espacio a escribir sobre una serie de síntomas y signos que en estos últimos tiempos  venimos observando los profesionales de la psicología. Lo llaman “síndrome del desempleado” aunque mi opinión como psicóloga es que no es algo nuevo, ya se podía ver hace 20 ó 30 años. Lo que ocurre es que últimamente ha aumentado mucho su incidencia. Algo tendrá que ver la percepción de crisis que cada vez sentimos más real. Personas que dejan de pagar sus hipotecas, bancos que quiebran o son comprados por otros, empresas que cierran, cifras de parados aumentando en nuestro país día a día. Se repiten las vivencias, pensamientos negativos, la autoestima baja de las miles de personas que se quedan sin empleo o que no pueden acceder a él después de terminar sus estudios.

Según los estudios disponibles el proceso tendría tres fases:

1ª- Fase de optimismo: la persona que termina sus estudios o finaliza una relación laboral lo toma como unas pequeñas vacaciones, un periodo en el que descansar un poco, reorganizarse, hacer tareas que llevan pendientes algún tiempo. De momento piensa que todo va bien y que sabe lo que hacer para encontrar una nueva colocación. Hasta aquí nada de síndrome, todo está bajo control.

2ª- Fase obsesiva: al transcurrir las primeras semanas o meses sin resultados, la persona se topa con la realidad, se da cuenta de que no es tan fácil como creía. Todo es muy lento e incluso puede que los puestos de trabajo que ofrecen sean de categoría muy inferior al que se venía desempeñando.

Es probable que  en esta etapa comience a tener síntomas de ansiedad, insomnio, depresión, hipertensión y dolencias psicosomáticas. El reconocimiento social empieza a tambalearse.

3ª- Fase de apatía o acomodamiento: al no encontrar trabajo la persona puede tirar la toalla, se siente incapaz de superar la sensación de fracaso. Puede que incluso abandone la búsqueda de empleo, lo cual no hará más que empeorar su malestar psicológico. Seguramente habrá entrado en un trastorno depresivo y le será de gran ayuda la psicología para salir de él.

No todas las personas se enfrentan al desempleo de la misma manera, depende de su fortaleza psicológica, su autoestima, aptitud, su red de contactos, recursos personales…

Hay muchos consejos y hábitos a seguir para conseguir salir de la situación, desde procurar la presencia de nuestro curriculum en los sites de búsqueda de empleo hasta la autocandidatura en las empresas que sean de nuestro interés. Eso es lo que nos ofrecen en los servicios de orientación para el empleo de los que disponen los ayuntamientos, pero ahí nadie sabe diagnosticar un síndrome del desempleado, nadie contempla como objetivo el bienestar psicológico de la persona que busca empleo. Psicología 24 horas se pone a su disposición para acompañarle y asesorarle durante su proceso para conseguir dos objetivos fundamentales, superar el malestar psicológico y mantener una actitud positiva y eficaz para encontrar empleo.

Es importante además cultivar la red de apoyos, familiares amigos y amigas que nos sirven de colchón y siempre podrán animarnos. Tener otras actividades a las que dedicarse, las tareas del hogar (siempre que sean compartidas con los demás miembros de la familia), ir al gimnasio clases, de baile, pintura, manualidades…cualquier actividad social que nos haga sentirnos personas útiles y activas.

El “síndrome del desempleado” es una nueva realidad de nuestra sociedad a la que hay que hacer frente con mucha paciencia, con optimismo, creatividad y si es necesario, porqué no, con ayuda de profesionales de la psicología.

¿Han leído el libro “Quien se ha llevado mi queso” de Spencer Johnson, M D?, es un cuento de autoayuda que puede hacernos “cambiar el chip”.