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Codependencia y baja autoestima

La codependencia, uno de los síntomas de la autoestima baja, es una condición emocional y de comportamiento que se aprende. Una adicción a las relaciones, una dependencia, por lo tanto es un síntoma de baja autoestima que crea una relación destructiva con los demás porque es abusiva.
Las personas codependientes tienden a olvidarse de sí mismas y se centran en los problemas de los demás. Su mayor deseo es rescatar a otros pero se siente frustrado si no es correspondido. El codependiente tiene miedo de ser abandonado por eso cree que es mejor sentirse necesitado.

Entre las causas de codependencia podría estar haber nacido en una familia donde se abusaba emocional e incluso físicamente o en la que se vivió con adicciones como drogas o alcohol. Donde se evitan las discusiones, se espera siempre la perfección y sobre todo se reprimen los sentimientos.

Son personas con una fuerte necesidad de dar más de lo que reciben. Piensan que los demás son más importantes. Sienten miedo al abandono entonces tratan de quedar bien con todos. Las necesidades de los demás son más importantes que las de ellos mismos. Se sienten heridos fácilmente si nadie reconoce sus esfuerzos. Cometen el error de alimentar su autoestima sintiéndose necesitados y reconocidos por otros.

Siempre se sienten culpables cuando son asertivos y expresan sus pensamientos y sentimientos. Como sienten miedo de ser abandonados o rechazados, piensan que si expresan lo que sienten y a los demás no les gusta, los abandonarán. Son personas sumisas y pasivas.

Si usted cree que es una persona codependiente y quiere superarlo tiene que aumentar su autoestima concentrándose en sus talentos, sentido del humor y creatividad. No trate de ayudar a quien no le ha pedido ayuda. Intente ser asertivo, exprese sus pensamientos y sentimientos de manera saludable, escuche a las personas que ama sin darles consejos.
Pero sobretodo comience a tomar conciencia que usted tiene su propia vida y que sus necesidades son importantes. Aprenda a poner límites y libere su necesidad de arreglar los problemas de todas las personas.
Si necesita un profesional de la psicología que le acompañe en este proceso Psicología 24 horas está a su disposición en el 807 505 766

Para trabajar la autoestima

El mejor clavel del jardín

Paseaba un rey un día disfrutando de su precioso jardín. Descubrió preocupado que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. Entonces decidió indagar sobre los motivos.

Preguntó al roble y este le contestó que se moría porque él no podía ser tan alto como los pinos. Sin embargo también encontró alicaído al pino y al preguntarle le dijo, que no podía dar uvas como la vid. Curiosamente la vid se secaba porque no podía florecer como las rosas, y esta a su vez, lloraba por no ser fuerte y sólida como el roble.

Entonces encontró un clavel floreciendo, precioso como nunca. el rey le preguntó:

- ¿Cómo es posible que crezcas tan saludablemente en medio de este jardín tan mustio y deprimido?
El clavel le contestó:
- Quizá sea porque siempre he pensado que, ya que me plantaste, querías claveles. Yo siempre me he dicho “soy un clavel, intentaré ser el mejor clavel que pueda” y aquí estoy, el más hermoso bello y feliz clavel del jardín.

Es curioso cuantas veces los seres humanos no somos felices por no saber amar lo que somos sino desear lo que son los demás.

Evitar enfrentarnos a personas envidiosas

En muchas ocasiones tenemos que enfrentarnos a personas que no sólo no se alegran de nuestros éxitos sino que les sientan mal, les molestan, nos envidian.

Puede ocurrir en nuestra familia, en el círculo de amistades, en el lugar de trabajo, incluso sin conocerlas personalmente. Estas personas suelen ser bastante inmaduras emocionalmente o incluso tener una autoestima muy baja, no están satisfechas con su vida y tienen muchas carencias. Ello les lleva a compararse continuamente con los demás y sentirse menos; menos importantes, menos agraciadas, menos inteligentes, menos queridas, menos valoradas y de ahí a envidiarnos va sólo un paso. Es fácil sentir su mirada de celos, de envidia, de desaprobación.

Lo importante es saber que no debemos sentirnos culpables por ser felices o tener éxito, o lograr el cariño y la aprobación de las personas que nos rodean. No debemos hacerles caso cuando hagan comentarios hirientes del tipo “no se que les das que te quieren tanto”, “desde que llegaste tú ya no tiene ojos para nadie más”. La indiferencia es nuestra mejor arma.

Si entramos en enfrentamiento lo único que conseguiremos es darles más poder sobre nosotros y sobre nuestras emociones. No debemos dejar que nos hagan dudar de si merecemos o no lo que tenemos, lo que nos hemos ganado ya sea un ascenso o el cariño especial de otra persona.

Es posible que cuando no estemos presentes intenten hablar mal de nosotros a los demás, intentando desmontar la imagen positiva que tienen. Si entramos en ese peligroso juego será una guerra abierta en la que seguro que adopta el papel de maltratada por nosotros y no comprendida por nadie. No hay porqué justificarse ni porqué caer tan bajo. Hablar mal sobre otra persona cuando no está presente es una actitud que no honra a quien lo hace.

Sólo hay dos cosas que se pueden hacer con las personas celosas o envidiosas tenerles mucha paciencia y comprensión y desmostrarle con nuestra actitud que no tienen razón. Pero sobretodo no dejar de ser la persona que somos, de sentirnos orgullosos de lo que hacemos, de crecer espiritual o emocionalmente. Mantener nuestra autoestima intacta será la labor más importante.

Es la persona envidiosa la que tiene un problema emocional, no dejemos que nos lo cree a nosotros.

La vasija agrietada.

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: -”Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”
El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: -”Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.” Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces -”Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?. Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados. Uno no deja de reír por hacerse viejo, se hace uno viejo por dejar de reír.

Cuento popular

Amor, necesidad o deseo

Intentemos responder a estas preguntas ¿es necesario el amor de una pareja o es deseable? ¿Puede ser feliz alguien que ha decidido recorrer el camino sin un compañero o compañera? ¿Se puede ser feliz cuando no se tiene pareja?

Todos estaremos de acuerdo en que el amor es un sentimiento muy hermoso y que los bellos momentos compartidos con nuestras parejas serán de los mejores recuerdos de nuestra vida. Pero ¿qué pasa si no llega, si no lo encontramos? ¿Debe ser nuestra primera meta en la vida encontrarlo? ¿Dependemos del amor de una pareja para ser felices?

Sí , sí ya sé…la respuesta que todos está pensando, “depende de la persona, de sí lo necesita o no”  Ahí tenemos un dato importante: necesitamos respirar, comer, beber, dormir, sentirnos seguros, realizados… Hay otras cosas, otros alicientes de la vida que no los necesitamos para sobrevivir pero podemos desearlos.

El quid de la cuestión es que tener una pareja no es necesario para nuestra supervivencia, será uno de nuestros deseos, vividos con mayor o menor intensidad según la edad, las hormonas y las experiencias previas. Hay que conseguir que no sea la relación amorosa el único deseo que tenemos en nuestra vida, nuestra única meta. Tiene que ser un valor añadido, un “plus de felicidad”, pero no una condición “sine qua non”.

¿Qué le ofreceremos a nuestra pareja si la encontramos? Una vida a nuestro lado, y ¿qué será de nuestra vida si lo único que la ha llenado ha sido el deseo de encontrar pareja?

Es importante poder compartir, aficciones, enriquecernos con saberes del otro o la otra, aportarle vivencias, puntos de vista diferentes, ilusiones, proyectos en común…

Si el deseo de conseguir una pareja se convierte en una obsesión, en nuestro único motivo de felicidad, lo convertiremos en una exigencia, que nos hará daño. Será como llevar escrito en la frente “necesito urgentemente que seas mi pareja” y esto asusta a cualquiera. El amor no puede exigirse.

Seremos personas mucho más atractivas si nos mostramos serenas satisfechas con nuestra vida, con autoestima suficiente. Si estoy segura de ser una persona deseable seré deseada. Si transmito mi miedo inconsciente a no ser deseable, me será muy difícil. La solución es fácil. Amarse a un@ mism@ debe ser o primero, es lo que resulta más atractivo.

Quiero recordar aquí una frase de Jorge Bucay que me parece muy acertada.

“Es fabuloso encontrar el amor, pero cuando se le mendiga o se le exige, se aleja de nuestra órbita.”

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

Me he preguntado siempre porque en los colegios no se enseña a nuestros niños y niñas Inteligencia Emocional, sería algo muy saludable y les daría herramientas y habilidades para enfrentarse a sus conflictos afectivos.

Nuestro sistema de enseñanza ha dado mucha importancia a los resultados, los logros a ser el mejor. De hecho todos hemos oído hablar alguna vez del CI o Cociente Intelectual y algunos incluso habremos pasado la experiencia de ser medidos en el colegio con algún test de inteligencia. Pero ¿alguien recuerda que le hablasen de la Inteligencia Emocional?

Es una pena porque no sólo necesitamos nuestra inteligencia para operaciones matemáticas o hablar en otros idiomas, es igualmente importante conectar con las emociones de uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme a mí y ver a los demás de forma positiva y objetiva.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada. Una persona emocionalmente inteligente posee la autoestima suficiente para confiar en sí misma, es positiva y sabe dar y recibir. Además es capaz de sentir empatía (entender los sentimientos de otras personas) cualidad que resulta especialmente valorada en las relaciones personales y afectivas.
Para los que ya no tenemos edad de ir a la escuelar sería bueno reflexionar si queremos seguir midiendo y  valorando sólo los logros académicos; respirando competitividad en nuestros trabajos o sería más interesante considerarnos personas completas incluyendo nuestra dimensión afectiva y emocional.

Reconocer los propios sentimientos es una habilidad que a veces damos por sentada, pero no es extraño que una persona no sepa si lo que siente es tristeza, ira, cansancio… Incluso podemos ver a muchos adolescentes que expresan enfado confundiéndolo con sentimientos de tristeza.

Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social. En manos de un buen profesional de la psicología podremos mejorar nuestra Inteligencia Emocional, con lo que seremos capaces de expresar tanto sentimientos positivos como negativos, así como de superar las dificultades y las frustraciones y encontrar equilibrio entre las exigencias y la tolerancia.