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Problemas de pareja

Dos de los problemas por los que más consultan las parejas a un profesional de la psicología son los celos y las constantes discusiones.
Los son sufridos por ambos, la persona celosa porque cree que no se le quiere lo suficiente o no se le dedica tiempo y al miembro no celoso porque se siente acosado y asfixiado. Son muy peligrosos ya que pueden terminar la relación y aunque no sea así, hacen sufrir mucho a ambos cónyuges.
Normalmente se aconseja terapia de pareja y reeducación de hábitos desajustados.
El segundo problema es el de las constantes discusiones. Al principio puede parecer divertido tener temas en los que se opina de distinta manera, es un tópico poco realista que los extremos se atraen. Tampoco es conveniente pensar que con paciencia conseguiremos que nuestra pareja cambie ES UN ERROR.
Para evitar que nuestra relación se convierta en un campo de batalla constante se pueden seguir pequeños consejos.

Tener claro los puntos que compartimos antes de empezar a hablar de aquellos en los que no estamos de acuerdo.
Es preferible enunciar de forma positiva lo que pensamos: “me gusta más” o “yo prefiero…” en vez de “esto no me gusta”, “no quiero”.
No darle demasiadas vueltas a las discusiones. Si ya se habló de eso y ya quedaron claras las posturas, no seguir insistiendo.
Es más positivo plantear alternativas que simplemente expresar oposición.
No es bueno pretender ganar siempre, alguna vez hay que ceder.
Tampoco es bueno callarse las cosas y no decir lo que nos ha molestado, porque son rencores que se enquistan en nuestro corazón.

La rutina y la monotonía son los peores enemigos de una buena relación de pareja. Se tiene que intentar que haya cosas nuevas, alguna sorpresa. Cosas tan pequeñas como dar un beso o un abrazo sin que tenga que haber un motivo para ello. Hacer un pequeño detalle o regalo porque sí, no esperar a días señalados para ello. Dejar algún mensaje cariñoso donde nuestra pareja pueda verlo al levantarse por la mañana o al llegar tarde del trabajo.

Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de los conflictos con la familia política. Es un error muy común querer arrancar a nuestra pareja de sus raíces afectivas, sólo conseguiremos crear inquietud, inseguridad y rencor. Lo único que podemos hacer es tratar de romper el filtro negativo con el que miramos a nuestra familia política. Nadie pretende tener una familia perfecta y pasar todos los fines de semana juntos pero hay que intentar al menos algunas cosas:
1.Que la relación sea lo más cordial posible. Aunque no haya cariño ni confianza plena, al menos que pueda haber un trato correcto.
2.Comprender que nuestra pareja quiere a su familia, aunque nosotros no estamos obligados a ello.
3.Podemos opinar, discrepar pero no estar criticando continuamente.
4.En los momentos de conflicto, apoyar a nuestra pareja.
5.No darle vueltas a temas espinosos continuamente, sólo nos servirá para sembrar odio y rencores.

Si aún leyendo estos consejos no se consiguen solucionar los problemas estamos a su disposición en el teléfono de Psicología 24 horas 807 505 766

Evitar enfrentarnos a personas envidiosas

En muchas ocasiones tenemos que enfrentarnos a personas que no sólo no se alegran de nuestros éxitos sino que les sientan mal, les molestan, nos envidian.

Puede ocurrir en nuestra familia, en el círculo de amistades, en el lugar de trabajo, incluso sin conocerlas personalmente. Estas personas suelen ser bastante inmaduras emocionalmente o incluso tener una autoestima muy baja, no están satisfechas con su vida y tienen muchas carencias. Ello les lleva a compararse continuamente con los demás y sentirse menos; menos importantes, menos agraciadas, menos inteligentes, menos queridas, menos valoradas y de ahí a envidiarnos va sólo un paso. Es fácil sentir su mirada de celos, de envidia, de desaprobación.

Lo importante es saber que no debemos sentirnos culpables por ser felices o tener éxito, o lograr el cariño y la aprobación de las personas que nos rodean. No debemos hacerles caso cuando hagan comentarios hirientes del tipo “no se que les das que te quieren tanto”, “desde que llegaste tú ya no tiene ojos para nadie más”. La indiferencia es nuestra mejor arma.

Si entramos en enfrentamiento lo único que conseguiremos es darles más poder sobre nosotros y sobre nuestras emociones. No debemos dejar que nos hagan dudar de si merecemos o no lo que tenemos, lo que nos hemos ganado ya sea un ascenso o el cariño especial de otra persona.

Es posible que cuando no estemos presentes intenten hablar mal de nosotros a los demás, intentando desmontar la imagen positiva que tienen. Si entramos en ese peligroso juego será una guerra abierta en la que seguro que adopta el papel de maltratada por nosotros y no comprendida por nadie. No hay porqué justificarse ni porqué caer tan bajo. Hablar mal sobre otra persona cuando no está presente es una actitud que no honra a quien lo hace.

Sólo hay dos cosas que se pueden hacer con las personas celosas o envidiosas tenerles mucha paciencia y comprensión y desmostrarle con nuestra actitud que no tienen razón. Pero sobretodo no dejar de ser la persona que somos, de sentirnos orgullosos de lo que hacemos, de crecer espiritual o emocionalmente. Mantener nuestra autoestima intacta será la labor más importante.

Es la persona envidiosa la que tiene un problema emocional, no dejemos que nos lo cree a nosotros.

Celos infantiles

Los celos son un estado afectivo caracterizado por el miedo a perder o ver reducido el cariño y la atención de nuestros seres queridos. Suelen ir acompañados de envidia y resentimiento hacia el rival. El niño o la niña celosa están percibiendo la realidad de forma distorsionada, suelen tener una baja autoestima y un alto nivel de ansiedad. Les vendrán bien un padre y una madre tranquilos y que le muestren afecto y amor incondicional.

Pueden experimentar rechazo hacia el herman@, prim@, o amig@ e incluso llegar a agredirle, por lo que más tarde se sentirá culpable. Esto no significa que no le quiera.

La forma de manifestar los celos dependerá de la edad de cada uno y de su propia personalidad, pueden mostrarse más rebeldes, hacerse pis en la cama, volver a coger el chupete, exigir que sea mamá quien los lleve al colegio, coger rabietas, tener problemas con la comida o con el sueño, pelear continuamente con el hermano, no permitirle coger sus juguetes… La buena noticia es que esta rivalidad normalmente, irá desapareciendo a medida que crecen y dando paso a amistad y compañerismo.

El nacimiento de un nuevo hermano es un momento propicio a la aparición de celos pero debemos tener cuidado también cuando adjudicamos papeles distintos a los niños y niñas según sus edades  o sexo. Si un hermano destaca en algo y otro no, no comentarlo delante de él, valorar a cada uno en lo que mejor sabe hacer pero sin hacer comparaciones. Que cada un@ se sienta valorado y especial.

Elogiar sus actos de generosidad, evitar comparaciones, hacer que cada hij@ tenga su papel, su sitio. Promover la seguridad personal y la autoestima. Debemos dejar que solventen ellos mismos sus pequeñas discusiones diarias. Siempre que no pasen límites peligrosos, les enseñará a defender sus criterios y expresar sus opiniones. Además evitaremos que lo utilicen como forma de llamar nuestra atención.

Si la situación se nos escapa de las manos o empieza a afectar su evolución en la escuela será conveniente pedir ayuda a un profesional de la psicología.

¿Por qué no vienen con libro de instrucciones?

¿Quién no se ha preguntado alguna vez porque nuestros hijos e hijas no vendrán con un manual de instrucciones cuando nacen? ¿Qué hicimos mal para que resulte tan difícil entenderse con los adolescentes? Tranquilos, no hay que hacer un master, sólo habrá que cambiar estrategias que ya no funcionan por otras más efectivas.

Es cierto que no existen recetas mágicas pero sí algunas cosas que no se deben olvidar.  Cuando aún son pequeños interiorizan lo que ven día a día en sus progenitores mucho más que lo que se les dice que hagan. Descubren el mundo a través sus padres.

Todos pasan una etapa en la que quieren ser de mayores cómo papá o como mamá. Eso es un filón que tenemos que ir explotando poco a poco, aprenderán nuestras buenas conductas pero quizá también las malas. Es más fácil que se lleven bien con los “vecinos impertinentes” si ven actitudes tolerantes en sus padres que si los ven continuamente discutiendo y peleando con ellos. Será como predicar en el desierto pedirles que no discutan con sus hermanos si nosotros estamos siempre discutiendo. Es inútil decirles que ordenen su habitación cuando el salón de  casa es un desastre. Somos el espejo en que se miran y leen nuestros estados de ánimo (a veces incluso antes que nosotros mismos).

Los niños y niñas necesitan saber qué se espera de ellos, cuáles de sus conductas o comportamientos recibirán nuestra aprobación y cuáles no, les ayudará saber de antemano cuáles recibirán un castigo con toda seguridad y cuáles recibirán nuestra aprobación (y esto no debería depender del estado de ánimo que tengamos ese día).

En Psicología 24 horas sabemos que tan perjudicial será una educación autoritaria como una totalmente permisiva, los niños y niñas necesitan normas, no demasiadas pero sí claras, que les ayuden a entender como deben comportarse. Por supuesto no debemos olvidar la coherencia, los volveremos locos si un día les permitimos armar jaleo en el salón de casa y otro lo prohibimos o los castigamos porque estamos cansados y necesitamos silencio. De la misma manera que no contribuye a la armonía familiar que mamá prohíba una cosa y papá lo permita cuando ella no está o que papá les castigase una semana sin televisión y al segundo día mamá les levante el castigo. Deben percibir el acuerdo en sus progenitores en lo que a su educación se refiere. Si hay discrepancias será mejor tratar el tema cuando ellos no estén presentes o no puedan oírnos.

Amar no es sinónimo de permisividad sino más bien de educación, de límites, de proyectos y metas, de marcar objetivos. Somos los que debemos darles a conocer este mundo y como vivir en él, por lo tanto tenemos que enseñarles que todo no puede ser cuando uno quiere, que las cosas cuestan esfuerzo, que la frustración forma parte del día a día tanto como las satisfacciones. Si no aprenden esto se convertirán en adolescentes con una baja tolerancia a la frustración con los problemas emocionales y de conducta que eso conlleva.

A veces aparecen problemas que no podemos solucionar como padres, conductas que desequilibran la familia y hacen sufrir mucho a todos: celos entre hermanos, fracaso escolar, problemas de alimentación, ansiedad, enuresis, problemas para dormir, pesadillas y terrores nocturnos, hiperactividad, agresividad, conductas problemáticas, acoso escolar…entonces ha llegado el momento de pedir orientación a un profesional de la psicología. En Psicología 24 horas estamos a su disposición para orientarle, ayudarle y ofrecerle tratamiento psicológico, sin desplazamientos, sin largas listas de espera y con un coste menor al de  una consulta presencial.

Buscar asesoramiento cuando existen conflictos o nos encontramos ante una situación complicada puede ahorrar malos ratos a toda la familia.