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	<title>Psicologia 24h - 807 505 766 &#187; desesperanza</title>
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	<description>Tu psicólogo al otro lado de la línea telefónica.</description>
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		<title>Deconstruyendo emociones negativas</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Aug 2009 14:02:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprendiendo sobre psicología]]></category>
		<category><![CDATA[desesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[envidia]]></category>

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		<description><![CDATA[A quien no le gustaría vacunarse contra las emociones negativas, conseguir que no se instalen en nosotros como una enfermedad crónica, aprender a defendernos de ellas y de sus efectos tóxicos. En definitiva de lo que se trata es de conseguir nuestro bienestar emocional. Las emociones no son malas y dañinas porque sí, sin más, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A quien no le gustaría vacunarse contra las emociones negativas, conseguir que no se instalen en nosotros como una enfermedad crónica, aprender a defendernos de ellas y de sus efectos tóxicos.<br />
En definitiva de lo que se trata es de conseguir nuestro bienestar emocional.</p>
<p>Las emociones no son malas y dañinas porque sí, sin más, en realidad nos avisan de que algo no va bien, hay que utilizarlas para reequilibrarnos y ajustar aquello que nos ancla.</p>
<p>Puede tratarse de sentimientos de envidia, de inseguridad, de impotencia, de insatisfacción, desamor, odio, cada uno con una mensaje para nosotros.</p>
<p>Otras veces son personas las que sufren estos sentimientos y nos contaminan con sus malas energías. Es muy importante aprender a no contagiarnos y si no podemos ayudar alejarnos de esas personas que rompen nuestro equilibrio emocional.</p>
<p>Muchas veces la ansiedad o la angustia nos la producen cosas que nos han ocurrido en el pasado, nos disgustaron y nos hicieron sufrir, y  añadieron, sin que nos diésemos cuenta, un peso más a nuestro ancla en el pasado.</p>
<p>Esta interpretación de los hechos del pasado, estas emociones negativas que alimentamos sin darnos cuenta, crecen como las malas hierbas y nos convierten en enfermos crónicos emocionales. Nos acabamos convirtiendo en seres impacientes, irritables, descontentos&#8230;y lo peor de todo incapaces de disfrutar del presente porque el pasado es quien roba toda nuestra atención.</p>
<p>No siempre resulta fácil pero es necesario buscar sosiego, recuperar la seguridad, la confianza en nosotros mismos, la esperanza en el futuro. Tampoco tenemos que hacerlo solos, psicología 24 horas está a su disposición para lograrlo juntos. El resultado será su bienestar psicológico.</p>
<p>El sentimiento de desesperanza, por ejemplo, es devastador y aplastante. La única manera de superarlo es sembrando poco a poco esperanza, confianza en nosotros mismos y en lo que el futuro nos traerá.</p>
<p>La envidia es otro sentimiento enturbiador y desestabilizante. Es el disgusto o la insatisfacción al contemplar lo logros, éxitos o incluso la felicidad de otras personas. Puede ser tanto a nivel profesional, como en nuestra vida cotidiana y sencilla. Es la incapacidad de alegrarnos por la felicidad ajena, el creer injusto que otro disfrute de lo que nosotros deseamos y quizá nos vemos incapaces de conseguir.</p>
<p>Cuando es una persona de nuestro círculo cercano la que nos contamina con la envidia que siente hacia algún aspecto de nuestra vida, la mejor defensa no es, como podíamos pensar, un buen ataque, sino poner distancia tanto física como psicológica de por medio.</p>
<p>La única manera de hacer frente al sentimiento de envidia es sustituirla por admiración, motivarnos para nuestra propia superación. Es más positivo visualizar lo que queremos, nuestras propias metas y poner en ello todo nuestro empeño y habilidades. Se trata de convertir en productiva una vivencia que amenazaba con ser autodestructiva. Para ello hay que preguntarse ¿quién soy?, ¿quién quiero llegar a ser?, ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿qué puede aportar yo a la humanidad?</p>
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		<title>Las ranitas en la nata</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Oct 2008 09:56:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[desesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[hundirse]]></category>
		<category><![CDATA[no puedo mas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy domingo tan sólo un pequeño cuento popular para reflexionar. &#8220;Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en aquella masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata intentando alcanzar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy domingo tan sólo un pequeño cuento popular para reflexionar.</p>
<p>&#8220;Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.</p>
<p>Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en aquella masa espesa como arenas movedizas.</p>
<p>Al principio, las dos ranas patalearon en la nata intentando alcanzar el borde del recipiente. Pero era inútil. Sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. A medida que sus fuerzas se agotaban, sentían que era más difícil subir a la superficie y respirar. La desesperanza iba haciendo mella en las dos ranitas.</p>
<p>Una de ellas dijo en voz alta:</p>
<p>-    No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. No lo conseguiremos.<br />
-    No te rindas, sólo nada despacito – le contestó la otra ranita.<br />
-     Ya que voy a morir, no veo porqué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.</p>
<p>Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.</p>
<p>La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo:<br />
- Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.</p>
<p>Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.</p>
<p>Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí pudo regresar a casa croando alegremente.&#8221;</p>
<p>Quizá a veces nos empeñamos en saltar del tazón de leche en vez de esperar que espese y se convierta en mantequilla.</p>
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		<title>Desesperanza aprendida</title>
		<link>http://www.psicologia24h.es/2008/09/16/desesperanza-aprendida/</link>
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		<pubDate>Tue, 16 Sep 2008 11:16:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprendiendo sobre psicología]]></category>
		<category><![CDATA[desesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[optimismo]]></category>

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		<description><![CDATA[A petición de algunas personas asiduas a nuestra página de Psicología 24h voy  a dedicar un ratito para contarles lo que leí sobre desesperanza aprendida. Es un fragmento del libro de Luis Rojas Marcos “La fuerza del optimismo”. Habla de la relación entre el sentido de controlar la suerte en circunstancias y la esperanza. Los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A petición de algunas personas asiduas a nuestra página de Psicología 24h voy  a dedicar un ratito para contarles lo que leí sobre desesperanza aprendida.<br />
Es un fragmento del libro de Luis Rojas Marcos “La fuerza del optimismo”.</p>
<p>Habla de la relación entre el sentido de controlar la suerte en circunstancias y la esperanza. Los experimentos son de Richard Morris, profesor de Neurociencia de la universidad de Edimburgo. Este hombre se dedicó a hacer experimentos con conejillos de Indias, estudiando su memoria. Introdujo a la mitad en un estanque de agua enturbiada con un poco de leche, para que no vieran unos cuantos motículos que había colocado en el fondo. Estos eran los cobayas “con suerte”, porque mientras braceaban para flotar se podían apoyar y descansar temporalmente en los promontorios ocultos antes de proseguir su marcha en busca de una salida. A la otra docena de cobayas las metió en un estanque de aspecto similar pero sin promontorios. Estos conejillos “desafortunados” no tenían más remedio que nadar sin descanso para no ahogarse. Después de un buen rato los sacó a todos del agua para que se recuperaran.</p>
<p>A continuación tuvo lugar la prueba definitiva: el investigador echó a los veinticuatro cobayas a un estanque de agua, también enturbiada con leche, sin isletas donde descansar. Mientras los cobayas “con suerte” los que habían tenido montículos para apoyarse, nadaban a un ritmo tranquilo, el grupo de cobayas “desafortunados” chapoteaba desesperadamente sin rumbo. Justo en el momento en que las puntiagudas narices de los agotados conejillos de Indias desaparecían bajo el agua, Morris los rescató de uno en uno y , después de apuntar el tiempo que habían nadado, los devolvió  a sus jaulas extenuados y probablemente sorprendidos de estar vivos.</p>
<p>Cuando Morris calculó los minutos que los cobayas se habían mantenido a flote, descubrió que los del grupo “con suerte” habían nadado más del doble de tiempo que los desafortunados. Su conclusión fue que los del grupo con suerte habían nadado más tranquilos y durante más tiempo porque recordaban las invisibles isletas salvadoras de la primera prueba, lo que los motivaba a buscarlas con la esperanza de encontrarlas. Por el contrario, los cobayas que durante la primera prueba no habían encontrado apoyo alguno, tenía menos motivación para nadar y hasta para sobrevivir.</p>
<p>Luego habla también del experimento de Martin Seligman, el de “la auténtica felicidad”, es el de los perritos en las cajas electrificadas, pero ese lo cuento otro día.</p>
<p>Al margen de lo crueles que puden llegar a ser los investigadores, (que habría que pedir opinión a los pobres cobayas) a mí la historia me ha llegado mucho. Como si fuese un cuentecillo de autoayuda en vez de un experimento.</p>
<p>¿No se han sentido muchas veces como los cobayas “desafortunados”? Yo estoy pensando a ver donde está en mi vida el “Señor experimentador Morris” para tener con él unas palabritas.</p>
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