Tag Archive for 'duelo'

La pérdida de una mascota

Para la mayoría de las personas que tienen mascota, perro, gato, pájaro, esta se acaba convirtiendo en un miembro más de la familia. Por ello su muerte suele provocar trastornos del estado de ánimo, cuya gravedad dependerá de la edad del animal, del tiempo que se haya convivido con él, la edad de la persona y la relación que tuviesen. Son especialmente vulnerables los ancianos que viven solos y los niños.
Niños y niñas pueden no entender lo que ocurre, para ellos se ha roto parte de su familia. Kowalski aconseja a los padres y familiares que le respondan con información concreta, evitando eufemismos del tipo “se ha quedado dormido” y exponerle los hechos reales: el animal ya no puede ver, ni oír, ni correr. Si se opta por informar al niño de que ha enfermado y ha muerto, es muy importante precisar que enfermar no siempre conduce a la muerte, para evitar que, ante el menor resfriado, gripe o infección, los pequeños tengan miedo. Como hasta los seis años, no tienen clara la idea de muerte se les puede contar que “el perro era mayor y ahora estará mejor y que descansará”. De los seis y nueve años ya van adquiriendo la conciencia de la muerte y se les puede explicar lo que ha ocurrido. Es importante no infundirles miedo, recalcar que el animal era mayor y que esto no tiene por qué ocurrirles a ellos. Otro aspecto crucial es evitar que se sientan culpables.
Últimamente muchas familias solicitan a su veterinario estar presente cuando practique la eutanasia a la mascota para acompañarla y que no se sienta sola. Esto es beneficioso tanto para animales como para sus dueños. Se debe ayudar a niños y niñas a expresar sus sentimientos. Para que superen el duelo se puede escribir una carta de despedida, cada uno o participando todos los miembros de la familia.  Este ejercicio ayuda a expresar sentimientos de tristeza, rabia en el periodo del duelo. También se puede escribir con ellos un epitafio o poema de despedida y colocándolo sobre la tumba del animal, buscando y decorando entre toda la familia un rincón especial que sirva para su eterno descanso e, incluso, celebrando una pequeña ceremonia íntima. No hay que olvidar que los ritos funerarios nos ayudan a despedirnos.

A los ancianos además esta pérdida puede traerles recuerdos de otros fallecimientos de seres queridos y será muy importante vigilar que no caigan en una depresión.

Hay veces que se recurre a una nueva mascota para sobreponerse a la pérdida, es una buena idea siempre que se respete el período de duelo, sino podríamos encontrarnos que el nuevo animal es rechazado injustamente.

Nuestra querida y recordada Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra y autora de diversos libros sobre el proceso de morir hablaba de cinco fases en el proceso de duelo: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.
La primera fase, de negación, es una etapa de incredulidad. No queremos creernos que nuestra mascota ha fallecido e incluso creemos oirla llegar a casa y la sentimos a nuestro lado.
En fase de la ira el sentimiento es de rabia y frustración por la pérdida.
En la tercera fase, o de negociación, la ira se va disipando a la vez que se va afrontando lo sucedido.
En la cuarta fase o de depresión -que también se puede experimentar desde las anteriores fases de la ira y la negociación- se siente la pena por la separación del ser querido.
Y en la quinta, o de aceptación, se acepta la pérdida y se recobra la esperanza en la vida.
Aunque no existe un periodo de duelo estipulado más o menos a los dos meses si no existe mejora se debería buscar ayuda psicológica.

Consejos para ayudar a alguien que está viviendo un duelo

Muchas veces me han preguntado qué se puede hacer para ayudar a un familiar o un amigo que está pasando por un duelo, ya sea la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental o un divorcio.
Es tan sencillo, o tan complicado (según se mire), como estar ahí y dejar que ocurra, escucharle, darle soporte, encargarnos de cosas que él o ella ahora mismo no puede, del papeleo, de los niños si los hay.
Una creencia falsa muy extendida es el “no llores”, al doliente le es necesario sacar todo su dolor fuera y para eso necesita llorar y sólo él o ella saben cuánto tiempo.
Sobretodo es muy importante huir de las frases hechas y los convencionalismos como “sé cómo te sientes”, “tienes que ser fuerte”, “así es la vida”,”dios lo quiso así” étc.
Decida hasta donde puede emocionalmente, no se exija  más. Si no puede soportar la expresión de la pena no tiene porqué quedarse hasta el final.

No busque justificaciones ni porqués a lo ocurrido, normalmente no estarán a nuestro alcance.
No se empeñe en animarle, sólo necesita que le escuche.
No le quite importancia a lo ocurrido, ni le hables de lo que le queda por vivir, ahora mismo eso carece totalmente de interés.
No intente hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida, no sabrá encajarlo, no es el momento.

Hay cuatro cosas principalmente en las que podemos ayudar; aceptar la pérdida, expresar el dolor, reubicarse en la vida sin esa persona, despedirse.
El mejor camino para curar la herida de una pérdida es sentir y expresar lo que se siente, dolor, miedo, rabia, tristeza. No hay nada que deba hacer ni decir cuando llora; sólo permanecer cerca que note su afecto, apoyo y comprensión. Si usted se emociona y llora también no pasa nada, eso sólo demuestra que le afecta el sufrimiento de esa persona.
Si quiere hablarle del difunto o de esa pareja que ya no está, déjelo, lo necesita. Se puede compartir recuerdos, anécdotas, fotografías.

Cuando se trata de un duelo por muerte nuestra sociedad cuenta con una serie de ritos funerarios que nos ayudan a ir asimilando lo  ocurrido pero cuando se trata de una separación o ruptura sentimental no hay ritos de despedida. En ocasiones es bueno crear esos ritos para ayudar a esa persona a pasar su duelo.

Una idea muy utilizada es escribir una carta de despedida, que puede entregarse o no. será importante que no se utilice para hacer reproches sino para decir qué ha significado esa relación, qué se ha aprendido, qué será lo que recordemos con más cariño…
Se puede establecer una metáfora enterrando una fotografía de la expareja, esto ayuda a algunas personas a entender que todo terminó.

Por último, si creemos que ha pasado un tiempo considerable y no notamos cambios en la persona doliente, no la vemos salir del duelo, será recomendable que reciba ayuda psicológica por si se ha quedado enganchada en alguna de las fases normales del duelo y necesita ayuda profesional para salir adelante.

Etapas de un duelo normal.

Como le tenía prometido a algunos de ustedes aquí les dejo esta pequeña guía sobre lo que es un duelo.

Es un proceso que consta de varias fases que hay que ir superando:
-    1º Incredulidad. Parálisis, negación, confusión. Es la etapa del “no puede ser”, de repetirnos a nosotros mismos que todo sigue igual, que en cualquier momento le veremos entrar por la puerta y saludarnos como siempre hacía. La noticia de la muerte o ruptura nos produce un shock, un periodo de no- respuesta. Se ve a la persona paralizada o con la fantasía de despertar y que todo haya sido una pesadilla. Es en realidad un estado confusional en el que todavía no entendemos lo que pasa.

-    2º Regresión. Llanto explosivo, berrinche, desesperación. Se toma conciencia de la persona que murió o que nos dejó, ahora el dolor es agudo e insoportable, irracional. Las emociones dominan totalmente.

-    3º Furia. Con el causante de la muerte o separación o con el muerto o la expareja por el abandono. También se pueden ver personas que se enfadan con dios o con los médicos que no pudieron salvarle la vida, el caso es encontrar a alguien responsable.

La persona dejará en un momento dado de sentir dolor y pasará a sentir enfado, ira, rabia. Esta furia tiene la función de anclarnos a la realidad de prepararnos o protegernos para lo que viene después.

-    4º Culpa. Por no haber podido salvar, por lo que no hicimos….por casi cualquier cosa. Es una defensa ante la impotencia que se avecina en la siguiente fase.

-    5º Desolación. Es la fase más horrible de todas, la más dura, la de la tristeza dolorosa y aplastante, la de la falta de energía.

Impotencia, no hay nada que se pueda hacer, desasosiego. Seudoalucinaciones, en esta etapa es corriente creer que hemos oído su voz, despertarnos creyendo que le sentimos llegar como cada noche.

Se conecta con el vacío dejado, con la tan temida soledad. Se puede confundir con una depresión debido a la inacción y al sentimiento de desesperanza.

-    6º Fecundidad. Nos identificamos con la persona desaparecida, revalorizamos sus virtudes. El peligro de esta etapa es idealizar salirnos de la realidad. Es un puente hacia lo que sigue. En esta fase se empiezan a hacer cosas dedicadas a la persona que nos falta, inspiradas en el vínculo que nos unía a ella.

-    7º Aceptación. Discriminación, separarse del ser que ya no está, retomar nuestro camino sin él. Interiorización es entender que algo de esa persona queda en nosotros, siguen vivas las cosas que aprendí y viví.

Así es como describe y explica el proceso Jorge Bucay en el libro “El camino de las lágrimas”

Angustia de separación

Una separación o ruptura sentimental puede superarse sin problemas en varios días o pocas semanas si se consigue elaborar el duelo correctamente, si no es así pueden darse algunos síntomas de estrés e incluso un trastorno.

Se llama angustia de separación, se produce cuando la persona perdida se convierte en el centro de atención y aparecen fuertes sentimientos de tristeza y melancolía por la pérdida.

Hay factores que afectarán a esa angustia:
-    La previsión, que la persona pudiera imaginar un final así o que le coja totalmente de sorpresa, influye.
-    La duración, el tiempo que se ha vivido o que se ha mantenido la relación, también es un factor importante, aunque no decisivo.
-    La presencia de una nueva pareja puede ser un factor de ayuda y apoyo pero siempre que hayamos cerrado el proceso anterior. No es sano empezar una relación por despecho o cuando aún seguimos enganchados con la anterior. El que tengamos relación o no con nuestra expareja después de la ruptura será positivo o no dependiendo de lo que nos haga a sentir; si hemos superado el duelo y nos sigue uniendo el cariño o la responsabilidad compartida de los hijos e hijas, será algo positivo. Si por el contrario aún no nos hemos desenganchado y no tenemos muy claro si continuar o no, si aún tenemos la falsa esperanza de volver sólo puede frenar el duelo, añadir más sufrimiento y hacer que se tarde más en superar la separación.
-    La pérdida de la identidad social se produce cuando además de romperse la relación se rompe con otras cosas, lugar donde vivíamos, trabajo, amigos en común.
-    Tener una baja autoestima, ser más bien pesimista pueden hacernos entrar en una rueda de pensamientos irracionales que vayan minando la esperanza y dificulten con ello la recuperación o superación del duelo.