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	<title>Psicologia 24h - 807 505 766 &#187; optimismo</title>
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	<description>Tu psicólogo al otro lado de la línea telefónica.</description>
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		<title>Somos lo que pensamos</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 17:27:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[estrés]]></category>
		<category><![CDATA[optimismo]]></category>
		<category><![CDATA[pensamiento negativo]]></category>
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		<description><![CDATA[Imaginemos un día cualquiera. Aún nos nos hemos levantado de la cama pero ya notamos cierta ansiedad y pocas ganas de salir de la cama y enfrentarnos a un nuevo día de trabajo. ¿Qué está pasando por nuestra cabeza en esos momentos? Pensamientos del tipo “otra vez me encontraré con un atasco horroroso”, “tardaré casi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Imaginemos un día cualquiera. Aún nos nos hemos levantado de la cama pero ya notamos cierta ansiedad y pocas ganas de salir de la cama y enfrentarnos a un nuevo día de trabajo.</p>
<p>¿Qué está pasando por nuestra cabeza en esos momentos? Pensamientos del tipo “otra vez me encontraré con un atasco horroroso”, “tardaré casi media hora en encontrar aparcamiento”, “el mal rollo de la empresa no tiene solución”, “otra reunión más para no solucionar nada”&#8230;¿qué hay de extraño en todo esto? Pues que ningún pensamiento es positivo, alentador, o esperanzador. </p>
<p>Con este tipo de ideas dando vueltas y repitiéndose cada día en nuestro cerebro no se puede ser optimista, confiado, no tenemos energía. Es como si hubiésemos dejado entrar una manzana podrida en nuestro cesto, poco a poco toda las demás se irán pudriendo también. </p>
<p>Si anticipamos que se repetirán situaciones desagradables de días anteriores, que sólo nos encontraremos con un  montón de problemas por resolver y con las malas caras de los compañeros&#8230;lo más normal es que ya empecemos a sentir ansiedad o un alto nivel de estrés. Y habremos reducido en un porcentaje muy alto nuestra capacidad de trabajo efectivo.</p>
<p>Es necesario practicar día a día y de manera constante dos cosas:<br />
Primero cortar de raíz nuestros pensamientos negativos y los de las personas que nos rodean, son la mala hierba que impedirá crecer flores en el jardín. Hay que hacer un esfuerzo por cambiarlos con otros positivos y más realistas.<br />
Por ejemplo “ hoy me encontraré con otro montón de problemas por resolver”, se puede cambiar por “cada día consigo dar salida o solución a las situaciones que se presentan”. “Nadie aprecia el trabajo que hago”, se podría cambiar por “mi trabajo repercute cada día en el bienestar de muchas personas”.<br />
El segundo punto importante es buscar unos momentos de relax. Depende del tipo de trabajo que realicemos pero aunque sólo podamos desconectar unos minutos nos será de gran valor. Ese tiempo precioso lo dedicaremos a desconectar y practicar algún tipo de relajación y/o visualización positiva. De verdad que los beneficios nos recompensarán.</p>
<p>Cambiar nuestros pensamientos negativos por positivos nos puede generar confianza, alegría, serenidad y eso nos ayudará a sentir menos ansiedad y estrés.  </p>
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		<title>¿Empezamos el año con un cuento?</title>
		<link>http://www.psicologia24h.es/2010/01/04/%c2%bfempezamos-el-ano-con-un-cuento/</link>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 19:43:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y relatos]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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		<description><![CDATA[“Érase una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era una buena persona, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades. Había días en que se levantaba optimista, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Érase una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era una buena persona, pero tenía un problema: era un rey con dos personalidades.<br />
Había días en que se levantaba optimista, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.<br />
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos. Esos eran días en que el rey bajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.<br />
Eran grandes días en los que se sentía capaz de grandes proyectos y confiaba en sí mismo.<br />
Sin embargo, había también días pesimistas&#8230;<br />
Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.<br />
Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aún más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. No lo apetecía recibir a nadie. No confiaba en sí mismo ni en el futuro.<br />
Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores&#8230;<br />
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO.<br />
Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.<br />
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera. Necesito de ustedes, señores, que trabajen juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.<br />
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey. Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso.<br />
Esa noche el rey lloró. A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia&#8230;<br />
Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.<br />
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio.<br />
Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.<br />
El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.<br />
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?<br />
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo&#8230;<br />
Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.<br />
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:<br />
Debes saber que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.”<br />
 ¿Quién no se ha sentido alguna vez como nuestro buen rey?<br />
Es curioso, sobre todo, durante y después de tanta fiesta y tanta celebración, a veces nos levantamos sin reconocernos a nosotros mismos.<br />
Quizá nos ayude el recuerdo de este cuento para los altibajos emocionales de esta cuesta de enero.<br />
ESTO TAMBIÉN PASARÁ<br />
Feliz 2010 a todos.<br />
Psicología 24 horas</p>
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		<title>Vale más encender velas que maldecir la oscuridad</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Nov 2008 11:45:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprendiendo sobre psicología]]></category>
		<category><![CDATA[optimismo]]></category>
		<category><![CDATA[pesimismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Si pesimismo es juzgar las cosas es sus aspectos más desfavorables y esperar siempre lo peor, optimismo es juzgarlas desde su aspecto favorable y esperar lo mejor en el futuro. Depende en gran parte de componentes que heredamos, pero eso no significa que no se pueda aprender. Martin Seligman, fundador de la Psicología Positiva, nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si pesimismo es juzgar las cosas es sus aspectos más desfavorables y esperar siempre lo peor, optimismo es juzgarlas desde su aspecto favorable y esperar lo mejor en el futuro.<br />
Depende en gran parte de componentes que heredamos, pero eso no significa que no se pueda aprender. Martin Seligman, fundador de la Psicología Positiva, nos decía que todo el mundo es capaz de aprender optimismo y mejorar con ello sus vidas.<br />
Es posible que las malas experiencias nos hayan llevado a ser pesimistas, es necesario tomar conciencia de ese  ancla que arrastramos (el pesimismo) y empezar a trabajar para elevarla y poder seguir navegando. Los pensamientos pesimistas y derrotistas nos anclan y el optimismo nos da velas para poder navegar. Es importante aumentar nuestra autoestima y fijarnos en nuestros esfuerzos más que en nuestros logros.<br />
El optimismo nos ayuda a ser perseverantes, no es el antónimo de realismo, el optimista no es un ingenuo, es entusiasta y positivo pero sin vivir en una falsa realidad.<br />
“El optimista tiene siempre un proyecto, el pesimista una excusa”. Anónimo<br />
El optimismo es como el pan en una mesa, si no lo tenemos hay que salir corriendo a comprarlo. Si vemos que empieza a faltarnos hay que intentar poner remedio.<br />
Les dejo un pensamiento positivo de R. Tagore para terminar con optimismo:</p>
<p>“Si lloras porque has perdido el sol,  las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.</p>
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		<title>Desesperanza aprendida</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Sep 2008 11:16:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gema</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprendiendo sobre psicología]]></category>
		<category><![CDATA[desesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[optimismo]]></category>

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		<description><![CDATA[A petición de algunas personas asiduas a nuestra página de Psicología 24h voy  a dedicar un ratito para contarles lo que leí sobre desesperanza aprendida. Es un fragmento del libro de Luis Rojas Marcos “La fuerza del optimismo”. Habla de la relación entre el sentido de controlar la suerte en circunstancias y la esperanza. Los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A petición de algunas personas asiduas a nuestra página de Psicología 24h voy  a dedicar un ratito para contarles lo que leí sobre desesperanza aprendida.<br />
Es un fragmento del libro de Luis Rojas Marcos “La fuerza del optimismo”.</p>
<p>Habla de la relación entre el sentido de controlar la suerte en circunstancias y la esperanza. Los experimentos son de Richard Morris, profesor de Neurociencia de la universidad de Edimburgo. Este hombre se dedicó a hacer experimentos con conejillos de Indias, estudiando su memoria. Introdujo a la mitad en un estanque de agua enturbiada con un poco de leche, para que no vieran unos cuantos motículos que había colocado en el fondo. Estos eran los cobayas “con suerte”, porque mientras braceaban para flotar se podían apoyar y descansar temporalmente en los promontorios ocultos antes de proseguir su marcha en busca de una salida. A la otra docena de cobayas las metió en un estanque de aspecto similar pero sin promontorios. Estos conejillos “desafortunados” no tenían más remedio que nadar sin descanso para no ahogarse. Después de un buen rato los sacó a todos del agua para que se recuperaran.</p>
<p>A continuación tuvo lugar la prueba definitiva: el investigador echó a los veinticuatro cobayas a un estanque de agua, también enturbiada con leche, sin isletas donde descansar. Mientras los cobayas “con suerte” los que habían tenido montículos para apoyarse, nadaban a un ritmo tranquilo, el grupo de cobayas “desafortunados” chapoteaba desesperadamente sin rumbo. Justo en el momento en que las puntiagudas narices de los agotados conejillos de Indias desaparecían bajo el agua, Morris los rescató de uno en uno y , después de apuntar el tiempo que habían nadado, los devolvió  a sus jaulas extenuados y probablemente sorprendidos de estar vivos.</p>
<p>Cuando Morris calculó los minutos que los cobayas se habían mantenido a flote, descubrió que los del grupo “con suerte” habían nadado más del doble de tiempo que los desafortunados. Su conclusión fue que los del grupo con suerte habían nadado más tranquilos y durante más tiempo porque recordaban las invisibles isletas salvadoras de la primera prueba, lo que los motivaba a buscarlas con la esperanza de encontrarlas. Por el contrario, los cobayas que durante la primera prueba no habían encontrado apoyo alguno, tenía menos motivación para nadar y hasta para sobrevivir.</p>
<p>Luego habla también del experimento de Martin Seligman, el de “la auténtica felicidad”, es el de los perritos en las cajas electrificadas, pero ese lo cuento otro día.</p>
<p>Al margen de lo crueles que puden llegar a ser los investigadores, (que habría que pedir opinión a los pobres cobayas) a mí la historia me ha llegado mucho. Como si fuese un cuentecillo de autoayuda en vez de un experimento.</p>
<p>¿No se han sentido muchas veces como los cobayas “desafortunados”? Yo estoy pensando a ver donde está en mi vida el “Señor experimentador Morris” para tener con él unas palabritas.</p>
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